Entrevista — ¿Cultivamos alimentos o combustibles en nuestras tierras?

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Article Publicado 25/09/2017 Última modificación 28/09/2017
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Hace solo una década que la producción de biocombustibles a partir de plantas se acogió como una alternativa ecológica a los combustibles fósiles. Recientemente se ha observado que es una solución que compite con la producción de alimentos y que no siempre resulta efectiva en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o contaminantes atmosféricos. Hemos hablado con Irini Maltsoglou, Responsable de Recursos Naturales en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), acerca de la producción de biocombustibles y la agricultura, de si se puede conseguir que sea sostenible y de cómo.
© Allan Harris

© Allan Harris

¿Por qué ha desatado tanta controversia la producción de biocombustibles en los últimos años?

Los inconvenientes de los biocombustibles están relacionados con la producción agrícola no sostenible en un plano más general. Como sucede con cualquier actividad agrícola, la producción de biocombustibles puede surtir efectos negativos si no se tienen en cuenta la comunidad y la mano de obra locales, y el contexto medioambiental y social. No es una fórmula muy directa en el sentido de que, como cualquier tipo de producción agrícola, es necesario saber lo que se está produciendo en ese momento y cómo podrían integrarse los biocombustibles en la producción local. También es necesario evaluar el potencial que la producción de biocombustibles tendría sobre la  reducción de la pobreza y el desarrollo económico de la zona .

En este sentido, no podemos afirmar que la producción de biocombustibles sea mala por sí misma. Depende mucho del tipo de prácticas agrícolas adoptadas y de si son sostenibles o no. Por ejemplo, la producción agrícola en una zona forestal natural (ya sean biocombustibles u otros cultivos) tendría efectos muy negativos, ya que se usan suelos que no deberían tocarse. Por otro lado, una estructura específica y sostenible para biocombustibles que use terrenos adecuados y en la que participen los agricultores de la localidad podría beneficiar a la comunidad local y ofrecer nuevas oportunidades económicas.

¿Compite la producción de biocombustibles con la producción de alimentos en lo referente a suelo y recursos hídricos?

Esta dicotomía entre biocombustibles o alimentos simplifica en exceso una cuestión muy compleja. En primer lugar, los biocombustibles son muy específicos de cada contexto y país. Hemos de examinar el contexto nacional para ver si la producción de biocombustible específica que se contempla es viable en ese paisaje agrícola determinado. Debemos saber igualmente por qué un país produce biocombustibles y qué desea lograr. ¿Es el objetivo introducirse en un nuevo mercado agrícola o reducir las emisiones de gases de efecto invernadero? Por ejemplo, en un país en el que los niveles de rendimiento agrícola sean muy bajos en un momento dado y en el que realizar nuevas inversiones podría ayudar a aumentar la productividad agrícola, los biocombustibles podrían ser una opción válida si se integraran en el sistema de producción agrícola existente.

Hace unos años, los expertos debatían sobre la relación entre los biocombustibles y la subida de los precios de los alimentos. No hubo un consenso claro. En general, acordaron que la producción de biocombustibles fue uno de  otros muchos factores  que contribuyeron al aumento de los precios de los alimentos: disminución de las inversiones en agricultura, descenso de las reservas de cereales, crecimiento demográfico, crecimiento económico, cambios en la dieta, etc. No pudieron llegar a un acuerdo sobre la contribución especifica de los biocombustibles en el aumento de los precios en los alimentos. El abanico de posibles factores era amplio, y la contribución de los biocombustibles al aumento de precios variaba entre el 3 % y el 75 %.

¿Son los biocombustibles de segunda generación más eficientes en relación con el uso del suelo y el agua?

En este momento no está claro si los biocombustibles de segunda generación son siempre una solución viable para el problema. De hecho, podría ser mucho más lógico utilizar algunos biocombustibles de primera generación en determinados contextos. La tecnología de segunda generación no está aún madura, sino que se encuentra en una fase muy experimental. Hay también problemas relativos a las materias primas y la capacidad técnica. En otras palabras: no sabemos si podemos producir la cantidad suficiente de cultivos apropiados o si tenemos la tecnología correcta y la capacidad de producción suficiente. Además, la tecnología de segunda generación es muy costosa.

Efectuamos algunos cálculos rápidos en los que se comparaba la opción de la remolacha de primera generación con la opción del miscanthus de segunda generación. Las cifras indicaron que con la plantación de remolacha (es decir, un biocombustible de primera generación), se puede obtener en realidad más etanol de una superficie determinada de terreno que si plantáramos miscanthus (del que se obtienen biocombustibles de segunda generación). El miscanthus exigiría además más agua. De igual manera, podríamos necesitar más electricidad como insumo energético para producir biocombustibles de segunda generación, aunque esto dependería en gran medida de la tecnología seleccionada y de los posibles bucles de retroalimentación en el sistema de segunda generación.

Estas cuestiones dependen de la agricultura básica. ¿Se trata de un país con buenas condiciones para la producción de remolacha? ¿Tienen los agricultores amplia experiencia en el cultivo de esta hortaliza? En tal caso, la remolacha sería la mejor opción, en especial si se tiene en cuenta el nivel de madurez de la tecnología disponible. ¿Se trata de un país en el que la producción de biocombustibles de segunda generación es más viable? En tal caso, esta podría ser la opción energética. De cualquier forma, en este momento, el establecimiento de una instalación de biocombustibles de segunda generación desde cero exige grandes inversiones. La cifra es cuatro veces mayor que en el caso de los biocombustibles de primera generación.

¿Pueden los biocombustibles convertirse en una fuente de energía limpia para Europa?

Con independencia del lugar del mundo del que se trate, la cuestión clave es si los biocombustibles pueden ser una opción para la obtención de energía limpia viable o no. Esto depende en gran medida del lugar de procedencia de la materia prima y de si se puede producir de manera sostenible. ¿Tiene el país en cuestión la producción agrícola en la que se basa el biocombustible? ¿Buscan los agricultores una salida al mercado de su producción agrícola? ¿Con qué finalidad se producen biocombustibles?

En Europa se considera que los biocombustibles reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y diversifican las fuentes de energía nacionales. En este caso, la pregunta ha de ser si la cadena de obtención de biocombustible específica logra o no tales objetivos. El siguiente paso sería, entonces, determinar si los países europeos tienen la capacidad de producir la materia prima a escala interna o tienen que buscarla fuera de Europa. Si el objetivo principal es diversificar las fuentes de energía del país y aumentar la seguridad energética, entonces es probable que la materia prima tuviera que producirse en Europa. Si lo que interesa es reducir la emisión de gases de efecto invernadero, podría haber también otras opciones viables.

¿Qué papel desempeña la FAO en relación con los biocombustibles?

En realidad, la FAO cubre un espectro más amplio, ya que trabaja en el ámbito de la bioenergía, como forma de energía renovable obtenida a partir de la agricultura. Cuando los países solicitan nuestra ayuda, primero intentamos averiguar cuál es la razón principal de que se estén planteando la bioenergía. ¿Es por motivos de seguridad energética? ¿Tratan de estimular el sector agrícola y crear empleo? Podrían incluso querer producir de manera sostenible carbón vegetal para cocinar y para calefacción. ¿Buscan oportunidades de desarrollo rural o de electrificación rural? El acceso rural a las redes eléctricas suele ser muy limitado en muchos países en desarrollo, y el uso de residuos agrícolas para la producción de electricidad podría ser una alternativa viable si tales residuos no se utilizan.

Lo que hacemos es trabajar con los países en cuestión para definir las opciones que podrían ser viables teniendo en cuenta el contexto y las necesidades específicos de cada país. Disponemos de una amplia serie de herramientas para evaluar el potencial bioenergético –que integra el sector agrícola y, en consecuencia, tiene en cuenta la seguridad alimentaria–, y las utilizamos para ayudar a los países a elaborar una hoja de ruta bioenergética y a evaluar su capacidad técnica.

En años recientes hemos examinado con más detenimiento la utilización de los residuos agrícolas y la producción de bioenergía. Tratamos de considerar residuos agrícolas que sean sostenibles y garanticen la seguridad alimentaria. Aunque está prohibido expresamente en la mayoría de los casos, estos residuos suelen quemarse, lo cual constituye en sí otra fuente de emisión de gases de efecto invernadero. Teniendo en cuenta lo anterior, establecer cadenas de suministro de bioenergía en torno a los residuos agrícolas no solo reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que al mismo tiempo cubriría parte de las necesidades energéticas actuales. El año próximo vamos a explorar cómo se puede movilizar esa biomasa. Los residuos agrícolas suelen estar esparcidos, de modo que recogerlos es un problema. Además de los centros de recogida, podríamos también analizar los posibles beneficios para los agricultores y qué cantidad podría pagar la industria por los residuos. De ese modo, estos residuos podrían convertirse en una materia prima demasiado valiosa como para quemarla.

 Irini Maltsoglou

Irini Maltsoglou

Responsable de Recursos Naturales (Jefa adjunta del equipo de energía)

División de Clima y Medio Ambiente

Departamento de Clima, Biodiversidad, Suelo y Agua

Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)

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