Transporte y salud pública

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Article Publicado 29/09/2016 Última modificación 30/09/2016 16:47
La contaminación atmosférica y acústica provocada por el transporte origina numerosos problemas de salud, con el transporte por carretera y los vehículos diésel en particular como principales contribuyentes. La Unión Europea y sus Estados miembros están adoptando una serie de medidas con el fin de reducir el impacto del transporte sobre la salud, con cierto éxito. La aplicación de soluciones innovadoras y las actuaciones a nivel local pueden contribuir a mejorar aún más la situación.

 Image © Daniel Nicolae (My City / EEA)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió recientemente sobre la existencia de unos niveles de contaminación atmosférica perjudiciales para la salud en las principales ciudades del mundo. Apenas iniciado 2016, varias ciudades europeas, entre ellas Londres y París, se vieron afectadas por episodios de contaminación. Para evitar el empeoramiento de la situación, se invitó a los ciudadanos a modificar su comportamiento utilizando las redes de transporte público o compartiendo vehículo. Dadas las condiciones meteorológicas específicas, así como las elevadas emisiones de contaminantes y los episodios previstos de calor extremo relacionados con el cambio climático, cabe pensar que los episodios de contaminación se harán más habituales.

Disponemos de pruebas cada vez más precisas y concluyentes del impacto que pueden tener sobre la salud toda una serie de contaminantes atmosféricos. Aunque solo los episodios de elevada contaminación acaparen la atención informativa, para la salud humana resulta mucho más perjudicial la exposición continuada y a largo plazo a contaminantes atmosféricos, incluso en bajas concentraciones.

El sector europeo del transporte ha logrado reducciones importantes de las emisiones de determinados contaminantes atmosféricos, principalmente gracias a la introducción de normas sobre emisiones, medidas financieras y, en menor grado, combustibles alternativos y medidas preventivas. Pero es necesario seguir trabajando con el fin de reducir los niveles de contaminación y alcanzar los objetivos de la Unión Europea de cara a 2030 y años posteriores. Pese a ser el culpable principal, el sector del transporte por carretera no es el único en el que deben reducirse las emisiones: los transportes aéreo, marítimo y ferroviario también contribuyen a la contaminación del aire, no deben pasarse por alto.

De manera similar, la contaminación acústica plantea una amenaza para la salud y el bienestar de los seres humanos, y también en este caso el tráfico rodado supone la mayor amenaza. Aunque se han registrado disminuciones de la contaminación atmosférica provocada por el transporte, la exposición a niveles de ruido por encima de los límites aceptables ha permanecido constante en todas las áreas urbanas europeas durante los últimos años.

Impacto del transporte sobre la salud

Las cifras más recientes para Europa ponen de manifiesto que, pese a la considerable reducción de las emisiones durante la década anterior, más de 400 000 muertes prematuras al año pueden atribuirse a la contaminación atmosférica procedente de cualquier origen.

Los contaminantes atmosféricos individuales pueden provocar una gran diversidad de impactos sobre la salud. Los gases de escape de los vehículos emiten óxidos de nitrógeno, material particulado (PM10 y PM2,5), óxidos de azufre, monóxido de carbono y diversos metales pesados, como cadmio, plomo y mercurio. Además, los productos químicos precursores presentes en los gases de escape pueden reaccionar en la atmósfera, dando lugar a la formación de ozono. Por último, también se libera a la atmósfera material particulado y metales pesados como resultado de la abrasión de neumáticos y frenos y, una vez depositados en el pavimento, este material pueden «volver a quedar suspendido» en el aire, con el tránsito de los vehículos.

La exposición a estos contaminantes puede incidir de manera muy concreta sobre la salud, pero, en general, afecta a los órganos, el sistema nervioso y la sangre, provocando o agravando dolencias tales como las enfermedades pulmonares (que dan lugar a enfermedades respiratorias), los infartos de miocardio, el asma, la ansiedad, los mareos y la fatiga.

El ruido también afecta significativamente a la salud. La exposición al ruido durante la noche puede provocar trastornos del sueño, con efectos adversos sobre la salud. La exposición a largo plazo durante un período medio de un día puede abocar a un incremento de la tensión arterial y a enfermedades cardiovasculares, entre otros trastornos. Se espera que en 2020 un 80 % aproximadamente de los europeos vivan en áreas urbanas, un amplio número de los mismos cerca de infraestructuras de transportes concurridas y de ejes como aeropuertos y autovías.

Según las estimaciones, 125 millones de europeos (o uno de cada cuatro) se ven afectados por  niveles de ruido procedente del tráfico rodado que superan un nivel medio anual durante la mañana, la tarde y la noche de 55 decibelios (55 dB Lden). La información es incompleta, es probable que las cifras sean significativamente más elevadas.

Medición de las molestias provocadas por el ruido
Lden es un indicador del nivel de ruido basado en un nivel de ruido de energía equivalente tomando como promedio un día completo. Está diseñado para evaluar las molestias. La Directiva sobre ruido ambiental  establece un Lden de 55 dB para las evaluaciones de cartografiado de ruidos y para la planificación de acciones. Para evaluar la perturbación del sueño en una población expuesta, la Directiva recomienda la aplicación de un indicador Lnight, con un umbral de 50 dB.

Datos recientes indican que dicha exposición da lugar a que 20 millones de europeos experimenten molestias provocadas por el ruido, a que 8 millones padezcan trastornos del sueño, a que 43 000 sean ingresados en hospitales y a que se registren al menos 10 000 muertes prematuras. Además, el ruido provocado por el desplazamiento de aeronaves en aeropuertos y zonas aledañas afecta a un número considerable de personas, incluidos escolares, de los que al menos 8 000 padecen trastornos de lectura en Europa como resultado de la exposición a elevados niveles de ruido.

Hacer frente a la contaminación atmosférica y acústica

La legislación europea en vigor sobre transporte, calidad del aire y ruido aborda la contaminación atmosférica y el ruido medioambiental, con el fin de mejorar la salud de las personas y el medio ambiente. Las normas europeas sobre emisiones (normas Euro) regulan las emisiones de contaminantes procedentes de diferentes tipos de vehículos. Por ejemplo, la actual norma Euro 6, en vigor para vehículos nuevos a partir de 2014, establece límites de emisiones de material particulado procedente de vehículos de gasolina y diésel fijándolos en 5 miligramos por kilómetro (mg/km), una quintuplicando la reducción respecto a los niveles de 2005. De manera similar, los límites de emisiones de NOx  se fijan en 80 mg/km para vehículos diésel y en 60 mg/km para vehículos de gasolina, lo que de nuevo constituye una reducción considerable desde 2005.

Las normas Euro incluyen especificaciones para pruebas de vehículos, pero existen diferencias significativas entre las emisiones oficiales de los vehículos (es decir, las registradas en condiciones de prueba) y las emisiones en condiciones reales. Se están adoptando medidas con el fin de corregir esta situación, que incluyen el desarrollo de nuevas especificaciones de prueba y el despliegue de sistemas portátiles de medición de emisiones (PEMS), que pueden adaptarse a los vehículos a fin de medir las condiciones reales de circulación.

Para reducir los daños provocados por la contaminación sonora, la UE ha introducido diferentes medidas, entre las que figuran normas técnicas destinadas a limitar las emisiones de ruido en origen (por ejemplo, el etiquetado de neumáticos de la UE para ayudar a los consumidores a identificar los neumáticos «más silenciosos»). La Directiva sobre evaluación del ruido ambiental viene a complementar estas normas. Su objetivo es mejorar la calidad de los datos recogidos con el fin de gestionar mejor la relación entre los residentes y el tráfico. La Directiva exige la elaboración de planes de acción para las principales fuentes de transporte y para las áreas urbanas de mayor tamaño, con el fin de reducir el impacto del ruido en la población afectada (y reducir el propio ruido si es necesario), así como proteger las zonas tranquilas, es decir, aquellas libres de contaminación acústica. Estos planes de acción se encuentran actualmente en el tercer ciclo quinquenal, que se prolongará hasta 2018.

En paralelo a los esfuerzos de la UE, múltiples iniciativas locales y regionales estudian soluciones innovadoras para los problemas de contaminación atmosférica y acústica relacionada con el transporte. La «estrategia paso a paso de Liubliana» y la iniciativa «big bang» de Sevilla, organizadas entre 2006 y 2013, son dos ejemplos de iniciativas orientadas a favorecer el desarrollo de infraestructuras ciclables. Ambas logran reducir la congestión en el tráfico, mejorar la calidad del aire y reducir las emisiones de GEI. En Sevilla, el número de trayectos diarios en coche por el centro urbano disminuyó de 25 000 a 10 000 durante el tiempo que duro el proyecto, obteniéndose una reducción del 29 % en la concentración de NO2 y del 19,5 % en el de concentraciones de PM. Entretanto, en Liubliana, la distribución modal del ciclismo como proporción del tráfico total ascendió un 20 % durante el mismo período. Estas cifras confirman unos resultados excelentes. En relación con las mejoras en materia de salud o reducción del ruido, las pruebas anecdóticas indican que los niveles de ruido han caído de forma significativa en ambas ciudades.

Mirando al futuro

Dados estos marcos legislativos y lo innovador de estas soluciones, cabe esperar que las emisiones de contaminantes atmosféricos procedentes del transporte sigan disminuyendo en Europa, y que dicha reducción repercuta positivamente sobre la salud humana. Sin embargo, entre el 87y el 90 % de los habitantes de las ciudades de la UE siguen expuestos a niveles de contaminantes atmosféricos que la OMS considera nocivos. De hecho, se estima que si se alcanzasen estos niveles para el PM2,5 podrían evitarse unas 144 000 muertes prematuras. A más largo plazo, Europa tendrá que integrar medidas y acciones políticas adicionales para reducir las emisiones de contaminantes atmosféricos y crear las condiciones necesarias para mejorar la salud y el bienestar de los europeos, además de evitar los efectos de episodios de contaminación como los de Londres y París. Es indudable que la reducción de las emisiones de contaminantes procedentes del transporte ayudaría a mejorar la calidad del aire, sobre todo en áreas urbanas.

La situación por lo que se refiere al ruido plantea un reto todavía mayor. El ruido es un contaminante omnipresente en Europa y el crecimiento económico sostenido, el incremento de la producción industrial, la expansión de la urbanización y las necesidades de transporte relacionadas seguirán amenazando la calidad del paisaje sonoro europeo, lo cual incidirá en la salud de los europeos. El ruido provocado por el tráfico rodado seguirá constituyendo la principal amenaza, mientras que el ruido procedente de las actividades desarrolladas en los aeropuertos seguirá afectando a quienes vivan en las cercanías. La mejora de la información disponible sobre el ruido es esencial para elaborar una imagen completa de los impactos que conlleva para la salud. Se anima a los países a seguir desarrollando sus planes de acción contra el ruido, pero también es preciso prestar atención a la reducción del ruido en origen, que constituye un modo mucho más eficiente de resolver el problema.



 

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