Basura en nuestros mares

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Article Publicado 11/07/2014 Última modificación 22/04/2016 11:32
Los océanos cubren aproximadamente el 70 % de la superficie de nuestro planeta, y existe basura marina prácticamente en todos ellos. La basura marina, y en particular los plásticos, suponen una amenaza no solo para la salud de nuestros mares y costas, sino también para nuestra economía y nuestras comunidades. En su mayor parte es producto de actividades terrestres. ¿Cómo podemos detener el flujo de basura en nuestros mares? El lugar más adecuado para empezar a abordar este problema marino mundial es la tierra.

 Image © Rastislav Stanik

En 2007, en el norte de Francia, la corriente arrastró hasta la orilla a unos náufragos muy poco corrientes: unos patos de goma que acababan de completar un viaje épico de quince años, iniciado en enero de 1992 cuando un buque que navegaba desde Hong Kong a los Estados Unidos perdió parte de su cargamento durante una tormenta. Uno de los contenedores arrastrados por las olas contenía 28 800 juguetes, algunos de los cuales habían llegado años antes a las costas australianas y a la costa este de los Estados Unidos. Otros cruzaron el estrecho de Bering y el océano Ártico, para acabar en Groenlandia, el Reino Unido y Nueva Escocia.

El viaje interminable de los plásticos

Los patos de goma no son la única forma de basura generada por el hombre que flota en nuestros mares. La basura del mar se compone de materiales sólidos manufacturados o procesados (por ejemplo, plástico, vidrio, metal y madera) que, de un modo u otro, acaban en el medio marino.

Cada año, aproximadamente 10 millones de toneladas de basura van a parar a los mares y océanos del mundo. Los plásticos, y en particular los residuos de envases de plástico, como las botellas de bebidas y las bolsas desechables, son el tipo de basura más habitual en el medio marino, con diferencia. Pero la lista es interminable: redes dañadas, cuerdas, toallitas higiénicas, tampones, bastoncillos de algodón, preservativos, colillas, encendedores desechables, etc.

La producción en masa de plásticos se inició en la década de 1950 y ha aumentado exponencialmente de 1,5 millones de toneladas al año hasta su nivel actual de 280 millones de toneladas anuales. Cerca de un tercio de la producción actual está integrado por envases desechables que se desechan al cabo de un año más o menos.

A diferencia de la materia orgánica, el plástico no «desaparece» nunca en la naturaleza y se acumula en el medio ambiente, y en particular en los océanos. La luz solar, el agua salada y las olas desintegran los plásticos en fragmentos cada vez más pequeños. Un pañal desechable o una botella de plástico pueden tardar quinientos años en desintegrarse en fragmentos microscópicos. Pero no todos los microplásticos son resultado del proceso de desintegración. Algunos de nuestros productos de consumo, como la pasta de dientes, los cosméticos y los productos de aseo personal, ya contienen microplásticos.

Las corrientes oceánicas, junto con los vientos y la rotación de la Tierra, reúnen estos fragmentos, algunos de los cuales miden tan solo micras (la millonésima parte de un metro), y crean grandes manchas en unas zonas denominadas «giros». Dependiendo del tamaño de los fragmentos, pueden aparecer como una especie de «sopa de plástico» transparente. Estos giros son fluidos y cambian de tamaño y forma. Se estima que el giro más grande y más estudiado, el giro del Pacífico Norte, ha arrastrado 3,5 millones de toneladas de basura, lo que afecta a una superficie que se calcula que es el doble de la de los Estados Unidos. En nuestros océanos, incluido el Atlántico, existen otros cinco grandes torbellinos donde también se acumulan residuos.

Algunos fragmentos pueden llegar a la orilla mezclados con arena, hasta en las zonas más remotas del mundo. Otros fragmentos acaban formando parte de la cadena alimentaria.

De dónde procede la basura marina

Según algunas estimaciones, cerca del 80 % de la basura que se encuentra en el medio ambiente marino procede de actividades terrestres. La fuente de la basura marina no se limita necesariamente a las actividades humanas a lo largo del litoral. Incluso cuando se deposita en tierra, los ríos, las inundaciones y el viento transportan la basura al mar. Las actividades pesqueras, el transporte marítimo, las instalaciones marinas, como las plataformas petrolíferas, y el sistema de alcantarillado se encargan del resto.

Existen algunas variaciones regionales en cuanto al origen de la basura en el mar. En el Mediterráneo, el Báltico y el mar Negro, las actividades terrestres generan la mayor parte de la basura marina; sin embargo, en el mar del Norte, las actividades marítimas también son un factor importante.

Más plástico que plancton

Resulta difícil calcular cuál es el verdadero alcance de los impactos provocados por la basura marina. Esta basura tiene dos efectos adversos principales en la fauna marina: ingestión y atrapamiento.

Un estudio realizado por Algalita, un instituto de investigación marina independiente con sede en California, descubrió en 2004 que las muestras de agua de mar contenían seis veces más plástico que plancton.

Dado el tamaño y la prevalencia de la basura en el mar, las aves y los animales marinos la confunden con comida. Se ha denunciado que más del 40 % de las especies de ballena, delfín y marsopas que existen, todas las especies de tortugas marinas, y cerca del 36 % de las especies de aves marinas han ingerido basura marina. La ingestión no se limita a uno o dos individuos, sino que afecta a bancos de peces, así como a bandadas de aves marinas. Por ejemplo, más del 90 % de los fulmares, unas aves marinas, hallados muertos a orillas del mar del Norte tenían plástico en su estómago.

Un estómago lleno de plástico indigerible puede impedir al animal alimentarse, por lo que acabará muriendo de hambre. Los productos químicos que contienen los plásticos también actúan como veneno y, según la dosis, pueden debilitar permanentemente al animal o provocar su muerte.

Los fragmentos más grandes de plástico también suponen una amenaza para la vida marina. Muchas especies, incluidos los delfines, las focas y las tortugas, pueden quedar enredados en los desechos de plástico, y en las redes y los sedales de pesca que se pierden en el mar. La mayoría de los animales enredados no sobrevive, puesto que no pueden llegar a la superficie del agua para respirar, escapar de los depredadores o alimentarse.

La punta del iceberg

La basura marina es un problema mundial y es difícil recopilar datos fiables. Las corrientes y los vientos desplazan las partículas visibles, lo cual puede provocar que la misma basura se cuente más de una vez. Además, se cree que solo una pequeña parte de la basura marina flota o llega a la orilla. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), tan solo el 15 % de la basura marina flota sobre la superficie del mar; otro 15 % permanece en la columna de agua, y el 70 % restante descansa en el lecho marino.

La parte «invisible» de la basura sigue afectando a la salud global del medio marino. Se estima que en todo el mundo se han perdido, abandonado o desechado cerca de 640 000 toneladas de aparejos de pesca. Estas «redes fantasma» siguen capturando peces y otros animales marinos durante años y décadas.

Más aún, algunas de las especies de peces que ingieren plásticos son habituales en nuestras cocinas. El consumo de pescados y mariscos expuestos a los plásticos y sus productos químicos derivados del petróleo también supone un peligro para la salud humana. Los impactos sobre la salud humana no están del todo claros.

Las comunidades costeras, las más afectadas

Más del 40 % de la población de la UE vive en regiones costeras. Además de sus costes medioambientales, la basura marina también acarrea unos costes socioeconómicos que afectan sobre todo a las comunidades costeras. Un litoral limpio es vital para el turismo de playa. En la costa atlántica se encuentran una media de 712 artículos de basura marina en una franja de cien metros de playa. Y si no se hace nada, la basura marina se acumula en la playa. Para que sus zonas de baño resulten atractivas para los turistas, muchas comunidades y empresas deben limpiar las playas antes del inicio de la temporada de verano.

No existen estimaciones completas del coste total de la basura marina para nuestra sociedad, y también es difícil estimar la pérdida para la economía local provocada por la decisión de los visitantes potenciales de viajar a otros destinos. No obstante, existen ejemplos de costes concretos de las actividades de limpieza, cuantificados en términos monetarios. En el Reino Unido, los municipios gastan cerca de 18 millones de euros al año en la limpieza de las playas.

Las actividades de limpieza pueden ayudar a recoger los fragmentos más grandes y mejorar la estética de la zona, pero ¿qué pasa con los fragmentos pequeños? Según la Kommunenes Internasjonale Miljøorganisasjon (KIMO), una organización internacional que congrega a entidades locales para abordar cuestiones de contaminación marina, cerca del 10 % (por peso) del material del litoral se compone de plásticos. Debido a su pequeño tamaño, a menudo es imposible diferenciarlo de la arena.

Para abordar la basura en el mar hay que empezar por la prevención

Si bien la basura marina es solo una de las presiones a las que está sometido el medio marino, representa una preocupación creciente. La acumulación y la resistencia de los plásticos en la naturaleza complican más la cuestión. La basura marina es un problema transfronterizo: una vez que entra en el mar no tiene propietario. Ello hace que su gestión sea difícil y dependa en gran medida de una colaboración óptima a escala regional e internacional.

Algunas leyes de la UE tratan directamente las cuestiones marinas. Por ejemplo la Directiva marco sobre la estrategia marina de la UE, adoptada en 2008, identifica la basura en el mar como uno de los ámbitos que hay que abordar para conseguir que todas las aguas marinas alcancen un buen estado medioambiental para 2020. En cumplimiento de estas directivas de la UE y del compromiso mundial expresado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de 2012 (Río+20), el Séptimo Programa de Acción en materia de Medio Ambiente (2014-2020) prevé el establecimiento de una base de referencia y un objetivo de reducción.

Al igual que sucede con la gestión global de residuos, el punto de partida para abordar la basura marina es la prevención. ¿Cómo podemos prevenir la basura en el mar? ¿Tenemos que utilizar bolsas de plástico cada vez que salimos de compras? ¿Podemos diseñar algunos de los productos y procesos de producción de forma que no contengan o no creen microplásticos? De hecho, sí es posible.

Marine litter

(c) Ani Becheva / EEA Waste•smART

La acción empieza en la tierra

El siguiente paso consiste en tomar medidas en la tierra, antes de que la basura llegue al mar. A tal efecto, la UE ha elaborado políticas y leyes orientadas a mejorar la gestión de residuos, reducir los residuos de envases e incrementar las tasas de reciclado (sobre todo de los plásticos), mejorar el tratamiento de las aguas residuales y utilizar los recursos de manera más eficiente en general. Asimismo se han elaborado directivas para ayudar a frenar la contaminación provocada por buques y puertos. La mejora de la aplicación de las políticas de prevención y reducción de residuos puede aportar enormes beneficios.

Pero ¿qué pasa con la basura que ya está afectando a nuestros mares y océanos? La basura lleva años acumulándose en nuestros mares. Algunos fragmentos han caído al fondo, mientras que otros se desplazan con las corrientes oceánicas. Es casi imposible imaginar cómo podemos limpiarlo todo.

Se han puesto en marcha varias iniciativas de «pesca de basura» con buques que recogen la basura marina, de forma similar a la recogida de los residuos urbanos en tierra. Sin embargo, los métodos que se utilizan no consiguen recoger los fragmentos de determinados tamaños y el problema de los microplásticos sigue sin resolverse. Es más, habida cuenta de la magnitud del problema y el tamaño de nuestros océanos, este tipo de iniciativas resultan demasiado limitadas para lograr mejoras reales.

Lo mismo puede decirse de las actividades de limpieza de playas y costas. No obstante, estas iniciativas son una buena manera de sensibilizar a la población y fomentar la participación de los ciudadanos para abordar el problema de la basura marina. Al final, puede ser simplemente una cuestión de cifras. Cuantos más voluntarios se unan a estas actividades, mejor será la prevención.

Marine LitterWatch

La AEMA ha desarrollado «Marine LitterWatch», que incluye una aplicación para controlar la basura marina en las playas europeas. Se trata de una aplicación gratuita que permite a las comunidades dedicadas a la limpieza de playas recopilar datos de modo que puedan ayudarnos a mejorar nuestros conocimientos sobre la basura marina. Asimismo permite a las partes interesadas buscar iniciativas de limpieza cercanas o crear su propia comunidad.

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