La transición hacia una economía verde

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Article Publicado 11/07/2014 Última modificación 22/04/2016 11:32
Nuestra calidad de vida, nuestra salud y nuestros empleos dependen del medio ambiente. Sin embargo, hoy en día estamos consumiendo los recursos de un modo y a un ritmo tales que pueden hacer peligrar nuestro bienestar y la capacidad que tiene la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades. Debemos transformar radicalmente la manera en que producimos, consumimos y vivimos. Debemos «ecologizar» nuestra economía —es decir, pasar a una economía verde—, y la transición debe empezar hoy mismo.

 Image © Gülcin Karadeniz

Los recursos de nuestro planeta son limitados, y actualmente extraemos y utilizamos más de los que nos puede proporcionar de forma sostenible. Los recursos naturales alimentan nuestra producción y nuestro consumo, y generan riqueza y empleo, contribuyendo así a nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.

Todo lo que nos rodea procede de la naturaleza. De una forma u otra, nuestras casas, nuestros coches, bicicletas, alimentos, ropa y energía eran, y son, parte del medio ambiente. Extraemos materias primas, las procesamos y construimos nuestras comunidades. Esta conexión con el medio ambiente y la dependencia del mismo siempre han sido esenciales para nuestra existencia.

Pero el nivel al que estamos consumiendo los recursos tiene un inconveniente. Estamos ejerciendo tanta presión sobre el medio ambiente que corremos el riesgo de debilitar su capacidad para satisfacer nuestras necesidades en el futuro.

Nuestras actividades emiten contaminantes a la atmósfera y plásticos a nuestros océanos. Nuestros ecosistemas están cambiando más rápido que antes, a un ritmo antinatural. Con la intensificación del comercio se han introducido nuevas especies que pueden invadir ecosistemas enteros. El cambio climático está modificando las pautas de precipitación. Las producciones se vuelven menos seguras, lo que provoca subidas de los precios de los alimentos. Vemos claramente que algunas regiones y países son más vulnerables. Sin embargo, algunos impactos medioambientales, como la contaminación atmosférica, afectan a todo el mundo, aunque en grados diversos.

Las futuras presiones nos obligan a tomar medidas hoy

Con más de 7 000 millones de personas en el planeta, nuestro nivel de consumo y producción ya es insostenible, y se prevé que a mediados de siglo la población haya aumentado hasta cerca de 9 000 millones, con miles de millones de personas todavía en situación pobreza, que aspirarán a mejorar su nivel de vida.

El uso que hacemos de los recursos degrada y reduce el capital natural que tendremos a nuestra disposición para preservar el bienestar de las generaciones futuras y eso, como mínimo, se traducirá en menos tierra y menos agua potable disponibles por persona para producir los alimentos que vamos a necesitar.

Para garantizar nuestra calidad de vida y nuestro bienestar a largo plazo debemos ecologizar nuestra economía y la transición debe empezar hoy mismo. Pero ¿qué podemos hacer para cumplir este objetivo? ¿Cómo podemos transformar nuestra economía en una que preserve el medio ambiente y garantice al mismo tiempo nuestra calidad de vida?

Incentivar la eficiencia en el uso de los recursos en Europa

En primer lugar, nuestra economía debe hacer un uso más eficiente de los recursos. Deberemos conseguir, realmente, más con menos. Hemos de reducir la cantidad de recursos que extraemos y utilizamos.

Aunque es importante reducir el flujo de materiales nuevos en el proceso de producción y lograr unos procesos de producción más eficaces, ahí no acaba la historia. También tenemos que reducir la pérdida de materiales y los residuos generados durante la producción y el consumo.

Es posible transformar nuestra economía, pero esa transformación exige acción y compromiso durante varias décadas. Europa ha logrado aumentar de forma significativa su eficiencia en el uso de los recursos, pero con eso no basta.

La Unión Europea cuenta ya con diversas estrategias y medidas legislativas, como la Estrategia Europa 2020, la iniciativa emblemática «Una Europa que utilice eficazmente los recursos», la Directiva marco relativa a los residuos o el Séptimo Programa de Acción en Materia de Medio Ambiente, que intentan conferir más sostenibilidad a actividades económicas clave desde una perspectiva de transición a largo plazo.

La plena aplicación de estas políticas entrañaría múltiples beneficios. Se utilizarían menos recursos por unidad producida, y ello ayudaría a proteger y preservar el medio ambiente. Al mismo tiempo, la economía se beneficiaría de una innovación fundamental y una mayor competitividad para las empresas europeas.

Street market

(c) Gülcin Karadeniz

Reducir los residuos

Veamos el ejemplo de los residuos alimentarios. Se estima que, a escala mundial, entre el 30 y el 50 % de los alimentos acaba en la basura. Solo en la Unión Europea desechamos casi 90 millones de toneladas de alimentos al año, o lo que es lo mismo, casi 180 kilos por persona.

Se desechan alimentos en todas las fases de la cadena de producción y de consumo. Con cada alimento no consumido, desperdiciamos la energía, el agua, el trabajo y la tierra utilizados en su producción. Los gases de efecto invernadero y los fertilizantes liberados en la naturaleza contribuyen a la degradación del medio ambiente.

¿Podríamos cambiar el sistema alimentario para evitar los residuos de alimentos de una manera en que los consumidores, los supermercados y los productores de alimentos colaboraran entre sí para producir, vender y comprar solo lo que se vaya a comer?

¿Podríamos utilizar realmente los productos que han llegado al final de su vida útil —«las sobras» de un proceso de producción— como insumos en otro proceso de producción? ¿Podríamos crear una «economía circular» que generara la menor cantidad posible de pérdidas? Una mejor gestión de nuestros residuos urbanos demuestra que las posibles ganancias, tanto en términos económicos como medioambientales, son inmensas.

La ecologización de una economía entera —la europea y, en última instancia, la mundial— es una tarea ingente. Implica la integración del uso sostenible de los recursos en cada aspecto de nuestras vidas.

Los proyectos de ecoinnovación, las energías renovables y la investigación en general desempeñan un papel crucial a la hora de diseñar mejores productos y procesos, y reducir los residuos. La comunidad empresarial en colaboración con las autoridades públicas y la sociedad civil podría poner en práctica soluciones sostenibles hasta que se convirtieran en algo habitual. Por ejemplo, ¿podemos crear un sistema en el que «alquilemos» o «tomemos prestados» productos, como herramientas y coches, en lugar de tenerlos en propiedad, un sistema en el que necesitaríamos menos de esos productos para satisfacer nuestras necesidades?

Nosotros, los consumidores...

Tenemos que lograr que nuestra economía sea más eficiente en el uso de los recursos y reducir la cantidad de residuos —o pérdidas— que genera. El ámbito económico nos brinda algunas herramientas para estimar los costes y los daños, así como algunas propuestas acerca de cómo podemos incorporar las consideraciones medioambientales en nuestras decisiones económicas. Pero también necesitamos más innovación, más investigación y, sin duda, una perspectiva a largo plazo.

Como consumidores, todos debemos contribuir a la transición hacia una economía verde. Nuestro comportamiento está muy influenciado por nuestros conciudadanos y por el contexto social, por nuestros impulsos y las opciones que tenemos a nuestra disposición. Las pautas de consumo han ido evolucionando constantemente a lo largo de la historia, y nosotros podemos aprovechar esta flexibilidad y poner rumbo hacia la sostenibilidad.

No importa cuál sea nuestro nivel de ingresos ni en qué lugar del mundo vivamos: nuestra salud y nuestro bienestar dependen del medio ambiente. Su bienestar nos afecta a todos.

La edición de 2014 de Señales examina más de cerca estas cuestiones.

Hans Bruyninckx

Hans Bruyninckx
Director ejecutivo

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