De la producción a los residuos: el sistema alimentario

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Article Publicado 11/07/2014 Última modificación 31/08/2016 15:19
Debido al crecimiento de la población, los cambios en los estilos de vida y el aumento del consumo personal, cada vez utilizamos más recursos naturales. Para hacer frente a nuestro consumo insostenible, debemos abordar todo el sistema de recursos, incluidos los métodos de producción, las pautas de demanda y las cadenas de suministro. En este apartado examinamos de cerca los alimentos.

 Image © Gülcin Karadeniz

En términos generales, el sistema alimentario incluye todos los materiales, procesos e infraestructuras relacionados con la agricultura, el comercio, la venta al por menor, el transporte y el consumo de productos alimenticios. Los alimentos, al igual que el agua y la energía, constituyen una necesidad humana básica. Además de estar disponibles, los alimentos deben ser de buena calidad, diversos, accesibles, seguros para el consumo y asequibles. También existe una fuerte vinculación entre la salud y el bienestar de las personas y los alimentos. Tanto la desnutrición como la obesidad son problemas de salud directamente vinculados con la manera en que producimos, comercializamos y consumimos nuestros alimentos.

El consumo de alimentos de los europeos ha cambiado considerablemente con el paso del tiempo. Por ejemplo, comemos más del doble de carne por persona que hace cincuenta años. Pero también es cierto que, desde 1995, el consumo de vacuno por persona ha descendido en un 10 %. Al mismo tiempo, los europeos comemos más carne de ave, pescado y marisco, frutas y verduras.

La UE es uno de los mayores productores de alimentos del mundo. Emplea modernos sistemas de producción agrícola y tiene un suelo adecuado para la agricultura. La productividad por hectárea ha aumentado considerablemente, en especial durante la segunda mitad del siglo XX. Dada su diversidad de suelos agrícolas y de climas, Europa produce una amplia variedad de productos. Pero también depende de las importaciones para satisfacer su demanda de alimentos.

La productividad agrícola, en cuanto al rendimiento de los cultivos, se ha incrementado debido a que se están extendiendo el monocultivo (es decir, la producción del mismo cultivo en zonas más grandes) y la irrigación, la utilización de mejor maquinaria y más insumos químicos como pesticidas y fertilizantes. Esta intensificación ha permitido a Europa utilizar menos suelo para producir más alimentos.

Pero estos métodos de producción han tenido sus costes medioambientales. Este tipo de intensificación ejerce mayores presiones sobre el medio ambiente, lo que provoca mayor contaminación por nitrógeno y un aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), una mayor pérdida de biodiversidad en las tierras agrícolas y la contaminación del suelo, los ríos y los lagos. Además, el uso creciente de insumos externos para obtener mayores rendimientos en la producción de alimentos reduce a menudo su eficiencia energética general. Es decir, cuando invertimos más energía para producir alimentos, en realidad conseguimos cada vez menos energía (calorías) en cuanto a la energía real de los alimentos suministrada a la sociedad.

Waste bags

(c) Gülcin Karadeniz

Sostenible y productiva

Es evidente que Europa debe reducir los impactos medioambientales de la producción agrícola y, al mismo tiempo, debe seguir produciendo cantidades similares de alimentos para satisfacer la demanda tanto en la UE como a escala mundial.

La UE es uno de los mayores productores de alimentos del mundo. Cualquier reducción significativa en su producción repercutiría en la producción mundial y, por consiguiente, en los precios de los alimentos. ¿Cómo podemos seguir produciendo alimentos de calidad en cantidades suficientes y a precios asequibles y, al mismo tiempo, reducir los impactos medioambientales de la agricultura?

La adopción de unas prácticas agrícolas más sostenibles puede ayudar. Por ejemplo, los métodos agroecológicos nos permiten intensificar la agricultura sin insumos químicos sintéticos (es decir, fertilizantes y pesticidas) utilizando productos naturales y potenciando los procesos ecológicos en su producción. Las técnicas agrícolas de precisión ayudan a reducir el uso de productos químicos y, por consiguiente, algunos de los impactos medioambientales.

Sea cual sea del método, la producción de alimentos debe seguir siendo suficientemente intensiva como para que la productividad mantenga el ritmo de la demanda de alimentos. De este modo, se aliviará la presión sobre el uso de la tierra y la biodiversidad.

Además, la agricultura sigue siendo la principal fuente de ingresos para las comunidades locales de muchas regiones, por no hablar de que forma parte del tejido social y la cultura local. Cualquier medida dirigida a mejorar el sistema alimentario debe tener en cuenta estos aspectos sociales.

Las medidas orientadas únicamente a la producción no serían suficientes para «ecologizar» todo el sistema alimentario. No obstante, se necesita un aumento adicional de la eficiencia en otras fases, como el transporte, la venta al por menor y el consumo. Un cambio de dieta —de menos carne a más verduras— reduciría la presión sobre el uso del suelo.

Residuos alimentarios

Se estima que en Europa cerca de un tercio de los alimentos producidos no se consume y que en todas las fases de la cadena hay desperdicio. La Comisión Europea calcula que solo en la UE se desechan 90 millones de toneladas de alimentos (o 180 kilos por persona), y que gran parte de esos desechos son alimentos aptos aún para el consumo humano. Los residuos alimentarios se han identificado como uno de los aspectos a abordar en la Hoja de ruta hacia una Europa eficiente en el uso de los recursos de la UE.

Muchos de nosotros intentamos reducir la cantidad de alimentos que tiramos a la basura. Para ello, basta por ejemplo con preparar justo la cantidad adecuada de alimentos para la comida —ni más ni menos—, o con ser creativos con las sobras del día anterior. Ahora bien, por mucho que lo intentemos, siempre tenemos que tirar, inevitablemente, algo de comida: la fruta se pudre y la leche se agría. Los residuos alimentarios de los hogares representan solo una parte de la cantidad total de alimentos que desechamos. Se desechan grandes cantidades de alimentos antes de que estos lleguen a nuestro frigorífico.

No existen estimaciones a escala de la UE sobre cuánta comida se desecha en las diferentes fases. No existen datos fiables y comparables, especialmente sobre los residuos de alimentos generados en la producción agrícola y en la pesca. Sin embargo, hay disponibles algunos análisis a escala nacional.

Análisis de los residuos alimentarios en Suecia

Según un estudio realizado por la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Suecia, en 2012 los suecos desecharon 127 kilos de alimentos por persona. Esta estimación no incluye los alimentos desechados en la fase de producción (agricultura y pesca) ni el inevitable desperdicio de alimentos de la industria procesadora de alimentos.

De esta cantidad, 81 kilos por persona se generaron en los hogares. Los restaurantes generaron 15 kilos por persona, los supermercados, 7 kilos; y los servicios de restauración, 6 kilos por persona. El estudio sueco estima asimismo cuántos de estos residuos eran «innecesarios». Los resultados apuntan a varios ámbitos de posibles mejoras: se calificó como innecesario el 91 % de los residuos alimentarios generados en los supermercados, el 62 % en restaurantes, el 52 % en los servicios de restauración y el 35 % en los hogares.

Parte de estos residuos se producen al intentar cumplir con la normativa vigente para la protección de la salud pública y de los consumidores. La carne contaminada que se retira de los estantes constituye un derroche de recursos, pero es también una medida preventiva necesaria para salvaguardar la salud humana.

Otras medidas son menos claras. Por ejemplo, las fechas de «consumo preferente» que figuran en los alimentos no implican necesariamente que el producto se estropee de un día para otro, sino que su calidad disminuye a partir de esa fecha. Es decir, el consumo de algunos productos sigue siendo seguro después de la fecha indicada, pero los minoristas no pueden venderlos y los consumidores no los compran. La satisfacción de las expectativas de los consumidores (por ejemplo, en relación con un amplio surtido y unos estantes llenos, o con la estética) también puede provocar el desperdicio de alimentos en la fase de venta al por menor.

El destino de los alimentos que no se venden depende de las prácticas de gestión de residuos. Estos alimentos pueden utilizarse para elaborar piensos, compostarse, recuperarse como energía, o acabar en los vertederos.

La mejora de un sistema es también la mejora de otro

Cada vez que desperdiciamos alimentos, también desperdiciamos el suelo, el agua, la energía y todos los demás insumos utilizados para producir los alimentos que no consumimos. Por ello, toda disminución de los residuos alimentarios redunda en posibles mejoras para el medio ambiente. Si reducimos la cantidad de alimentos que desechamos a lo largo de todo el sistema alimentario, necesitaremos menos agua, menos fertilizantes, menos suelo, menos transporte, menos energía, menos recogida de residuos, menos reciclado, etc.

En el contexto más amplio de la economía verde, la mejora de la eficiencia en el uso de los recursos en un sistema ayuda a reducir el uso de los recursos en otros sistemas. Casi siempre suele ser una situación ventajosa para todas las partes.

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