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Usted está aquí: Inicio / Señales de la AEMA – Cada vez que respiramos / Señales 2013 / Artículos / El aire de Europa hoy en día

El aire de Europa hoy en día

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En las últimas décadas, Europa ha mejorado la calidad de su atmósfera. Se han reducido con éxito las emisiones de muchos contaminantes, pero la contaminación -sobre todo por partículas en suspensión y ozono- sigue siendo un riesgo grave para la salud de los europeos.
ImaginAIR: El ser humano...

ImaginAIR: El ser humano...  Image © Justine Lepaulard

La contaminación es ya tan importante en muchas ciudades que es casi imposible ver las estrellas por la noche.

Justine Lepaulard, Francia (ImaginAIR)

Londres, 4 de diciembre de 1952: una densa niebla empezó a asentarse sobre la ciudad; la brisa dejó de soplar y, en los días siguientes, la niebla se mantuvo sobre la ciudad; la combustión de carbón emitía gran cantidad de óxidos de azufre y dio un tono amarillento a la niebla. Los hospitales no tardaron en llenarse de personas que padecían enfermedades respiratorias. En su peor momento, la visibilidad era en algunos lugares tan escasa que las personas no podían ver ni sus propios pies. Durante la Gran Niebla de Londres, se calcula que murieron entre 4 000 y 8 000 personas —en su mayoría bebés y ancianos— por encima de la tasa media de mortalidad.

En el siglo XX, la grave contaminación atmosférica en las grandes ciudades industriales de Europa era bastante común. A menudo se utilizaban combustibles sólidos, sobre todo carbón, para alimentar las fábricas y calentar los hogares. En combinación con las condiciones invernales y los factores meteorológicos, había muchos días en que persistían niveles muy altos de contaminación atmosférica en zonas urbanas durante días, semanas e incluso meses. De hecho, Londres era famoso desde el siglo XVII por sus episodios de contaminación atmosférica. En el siglo XX, la niebla de Londres se consideraba uno de los rasgos típicos de la ciudad, e incluso se hizo con un lugar en la literatura.

London smog

(c) Ted Russell | Getty Images

La adopción de medidas conllevó importantes mejoras de la calidad del aire

Mucho ha cambiado desde entonces. En los años siguientes a la Gran Niebla, la creciente sensibilización pública y política hizo que se dictaran disposiciones legales encaminadas a reducir la contaminación atmosférica de fuentes estacionarias como los hogares, el comercio y la industria. A finales de la década de 1960, muchos países, y no solo el Reino Unido, empezaron a aprobar leyes para abordar la contaminación atmosférica.

En los sesenta años que han transcurrido desde la Gran Niebla, la calidad del aire en Europa ha mejorado de forma sustancial, en gran medida gracias a una legislación nacional, europea e internacional eficaz.

En algunos casos se puso de manifiesto que el problema de contaminación atmosférica solo podía resolverse a través de la cooperación internacional. En la década de 1960, los estudios demostraron que la lluvia ácida que provocaba la acidificación de los ríos y lagos escandinavos estaba causada por contaminantes emitidos a la atmósfera en la Europa continental. El resultado fue el primer instrumento internacional jurídicamente vinculante para abordar los problemas de contaminación atmosférica sobre una base regional amplia, a saber, el Convenio sobre contaminación atmosférica transfronteriza a gran distancia de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (LRTAP) de 1979.

Los desarrollos tecnológicos, algunos de ellos impulsados por la legislación, también han contribuido a mejorar el aire de Europa. Por ejemplo, los motores de los automóviles hacen un uso más eficiente del carburante; los nuevos automóviles de gasóleo incorporan filtros de partículas; y las instalaciones industriales emplean equipos de control de la contaminación cada vez más eficaces. También han tenido bastante éxito medidas como las tasas de congestión o los incentivos fiscales a los coches más limpios.

Se han reducido mucho las emisiones de algunos contaminantes atmosféricos, como el dióxido de azufre, el monóxido de carbono y el benceno. Gracias a ello se han logrado claras mejoras de la calidad del aire y por consiguiente también de la salud pública. Por ejemplo, el cambio de carbón a gas natural contribuyó a reducir las concentraciones de dióxido de azufre: en el período 2001-2010, las concentraciones de dióxido de azufre se redujeron a la mitad en la UE.

El plomo es otro contaminante que se ha combatido con éxito a través de la legislación. En la década de 1920, la mayoría de vehículos empezaron a utilizar gasolina con plomo para evitar daños en los motores de combustión interna. Los efectos que tiene el plomo liberado a la atmósfera sobre la salud solo se detectaron décadas más tarde. El plomo afecta a los órganos y al sistema nervioso, en particular menoscabando el desarrollo intelectual de los niños. A partir de la década de 1970 se emprendieron una serie de acciones, tanto a escala europea como internacional, para eliminar gradualmente los aditivos con plomo de la gasolina utilizada en los vehículos. Hoy en día, casi todas las estaciones de observación que miden el plomo presente en la atmósfera revelan unos niveles muy inferiores a los límites fijados por la legislación de la UE.

¿En qué punto nos encontramos ahora?

En lo que respecta a otros contaminantes, los resultados son menos claros. Las reacciones químicas en nuestra atmósfera y nuestra dependencia de determinadas actividades económicas hacen que sea más difícil hacer frente a estos contaminantes.

Otra dificultad procede de la manera en que se aplica y se hace cumplir la legislación en los países de la UE. La legislación de la UE en relación con el aire suele fijar objetivos o límites a determinadas sustancias, pero deja que sean los países los que determinen cómo alcanzarán estos objetivos.

Algunos países han tomado medidas muy eficaces para abordar la contaminación atmosférica. Otros han tomado menos medidas, o sus medidas han resultado ser menos eficaces. Ello puede deberse en parte a diferentes grados de vigilancia y diferentes capacidades de hacer cumplir la legislación en cada país.

Otro problema a la hora de controlar la contaminación atmosférica se debe a la diferencia entre los ensayos de laboratorio y las condiciones en el mundo real. Cuando la legislación apunta a sectores específicos, como el transporte o la industria, las tecnologías ensayadas en entornos de laboratorio ideales pueden parecer más limpias y más eficaces de lo que son cuando se utilizan en el mundo real.

Asimismo hemos de tener en cuenta que nuevas tendencias de consumo o medidas políticas no relacionadas con el aire pueden tener efectos inesperados en la calidad del aire en Europa.

ImaginAIR: Agricultural traditions that harm

(c) Cristina Sînziana, ImaginAIR/EEA

«La antigua práctica de quemar rastrojos en las zonas rurales todavía persiste en Rumanía. Es una forma de limpiar la zona para plantar nuevos cultivos de importancia económica. Además de su impacto negativo en la naturaleza, creo que esta actividad es perjudicial para la salud de la comunidad local. Dado que esta práctica requiere un cierto número de personas para controlar el fuego, sus efectos son muy específicos.» Cristina Sînziana Buliga, Rumanía

La exposición a las partículas sigue siendo alta en las ciudades

La legislación europea e internacional vigente en materia de PM clasifica las partículas en dos tamaños —10 micras de diámetro o menos y 2,5 micras de diámetro o menos (PM10 y PM2,5)— y su objetivo es reducir las emisiones directas así como las emisiones de gases precursores.

En Europa se han conseguido logros importantes en cuanto a las emisiones de PM. Entre 2001 y 2010, las emisiones directas de PM10 y PM2,5 disminuyeron un 14 % en la Unión Europea, y un 15 % en los treinta y dos países miembros de la AEMA (AEMA-32).

Las emisiones de precursores de PM también han disminuido en la UE: los óxidos de azufre un 54 % (44 % en la AEMA-32); los óxidos de nitrógeno un 26 % (23 % en la AEMA-32); el amoniaco un 10 % (8 % en la AEMA-32).

Sin embargo, estas reducciones de emisiones no siempre han dado como resultado una menor exposición a las PM. La cuota de la población urbana europea expuesta a niveles de concentración de PM10 por encima de los fijados por la legislación de la UE sigue siendo alta (18-41 % en la Europa de los Quince y 23-41 % en la AEMA-32) y experimentó solo un ligero descenso en el último decenio. Si se tienen en cuenta las directrices más estrictas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 80 % de la población urbana de la UE está expuesta a concentraciones excesivas de PM10.

Por consiguiente, si las emisiones disminuyeron de forma considerable, ¿por qué en Europa seguimos teniendo altos niveles de exposición a las PM? Reducir las emisiones en una zona o de unas fuentes específicas no implica automáticamente una reducción de las concentraciones. Algunos contaminantes pueden permanecer en la atmósfera durante suficiente tiempo como para ser transportados de un país a otro, de un continente a otro o en algunos casos alrededor del planeta. El transporte intercontinental de partículas y sus precursores puede explicar en parte por qué el aire de Europa no ha mejorado en proporción al descenso de las emisiones de PM y las emisiones de precursores de PM.

Otra razón de las concentraciones altas de PM se halla en nuestros patrones de consumo. Por ejemplo, en los últimos años, el carbón y la leña quemados en pequeñas estufas para la calefacción doméstica han sido una fuente importante de contaminación por PM10 en algunas zonas urbanas, en particular en Polonia, Eslovaquia y Bulgaria. Ello se debe en parte a los elevados precios de la energía que empujaron sobre todo a los hogares de renta baja a optar por alternativas más baratas.

Ozono: ¿una pesadilla en los días cálidos de verano?

Europa también logró reducir las emisiones de precursores de ozono entre 2001 y 2010. En la UE, las emisiones de óxido de nitrógeno disminuyeron un 26 % (23 % en la AEMA-32), los compuestos orgánicos volátiles no metánicos descendieron un 27 % (28 % en la AEMA-32), mientras que las emisiones de monóxido de carbono se redujeron un 33 % (35 % en la AEMA-32).

Al igual que con las PM, las cantidades de precursores de ozono emitidas a la atmósfera han disminuido, pero no ha habido un descenso equivalente de los altos niveles de concentración de ozono. Ello se debe en parte al transporte intercontinental del ozono y sus precursores. La topografía y las variaciones interanuales de las condiciones meteorológicas, como los vientos y las temperaturas, también desempeñan un papel.

A pesar de un descenso del número y la frecuencia de las concentraciones máximas de ozono en los meses de verano, la exposición de las poblaciones urbanas al ozono sigue siendo elevada. En el período de 2001-2010, entre el 15 y el 61 % de la población urbana de la UE estuvo expuesta a niveles de ozono que superaban los valores objetivo de la UE, sobre todo en los países del sur de Europa debido a los veranos más cálidos. Si se tienen en cuenta las directrices más estrictas de la OMS, casi todos los residentes en las zonas urbanas de la UE estuvieron expuestos a niveles excesivos. En general, los episodios de ozono son más frecuentes en la región mediterránea que en el norte de Europa.

Sin embargo, las altas concentraciones de ozono no son un fenómeno que se aprecia solamente en las ciudades durante los meses de verano. Sorprendentemente, por lo general, los niveles de ozono suelen ser más altos en las zonas rurales, aunque allí están expuestas menos personas. Las zonas urbanas tienen normalmente niveles más altos de tráfico que las zonas rurales. Sin embargo, uno de los contaminantes emitidos por el transporte por carretera destruye las moléculas de ozono mediante una reacción química, reduciendo así los niveles de ozono en las zonas urbanas. No obstante, los mayores volúmenes de tráfico provocan niveles más altos de PM en las ciudades.

ImaginAIR: Sustainable and beautiful

(c) Jerome Prohaska, ImaginAIR/EEA

Legislación para reducir las emisiones

Dado que pueden originarse en parte en otros países, las emisiones de algunos de los precursores de PM y de ozono se incluyen en el Protocolo de Gotemburgo al Convenio sobre contaminación atmosférica transfronteriza a gran distancia (Convenio LRTAP).

En 2010, doce países de la UE, y la propia UE, superaron uno o varios límites máximos de emisión (es decir, la cantidad permitida de emisiones) para uno o varios contaminantes incluidos en el convenio (óxidos de nitrógeno, amoniaco, dióxido de azufre y compuestos orgánicos volátiles no metánicos). Once de los doce países superaron los límites máximos de los óxidos de nitrógeno.

Una situación similar se deriva de la legislación de la UE. La Directiva relativa a los límites máximos nacionales de emisión (NEC) regula las emisiones de los mismos cuatro contaminantes que el Protocolo de Gotemburgo, pero con unos límites ligeramente más estrictos para algunos países. Los datos oficiales definitivos de la Directiva NEC indican que doce países de la UE no cumplieron sus límites de emisión legalmente vinculantes en relación con los óxidos de nitrógeno en 2010. Algunos de estos países no cumplieron los límites relativos a uno o varios de los otros tres contaminantes.

¿De dónde vienen los contaminantes atmosféricos?

La contribución de las actividades humanas a la formación de contaminantes atmosféricos suele ser más fácil de medir y controlar que las fuentes naturales, pero esta contribución humana varía mucho según el contaminante de que se trata. La quema de combustibles es sin duda uno de los principales responsables y está repartida entre varios sectores económicos: desde el transporte por carretera y los hogares hasta el consumo y la producción de energía.

La agricultura es otro responsable importante de determinados contaminantes. Cerca del 90 % de las emisiones de amoniaco y el 80 % de las emisiones de metano proceden de actividades agrícolas. Otras fuentes de metano son los residuos (vertederos), las minas de carbón y la distribución de gas a larga distancia.

Más del 40 % de las emisiones de óxidos de nitrógeno proceden del transporte por carretera, mientras que cerca del 60 % de los óxidos de azufre proceden de la producción y distribución de energía en los países miembros y colaboradores de la AEMA. Los edificios comerciales, gubernamentales y públicos, y los hogares contribuyen a cerca de la mitad de las emisiones de PM2,5 y de monóxido de carbono.

Es evidente que una gran variedad de sectores económicos contribuye a la contaminación atmosférica. Puede que incluir las preocupaciones en torno a la calidad del aire en la toma de decisiones de estos sectores no sea un tema que llegue a los titulares de los periódicos, pero sin duda ayudaría a mejorar la calidad del aire en Europa.

Fuentes de contaminación atmosférica en Europa

La calidad del aire sometida a escrutinio público

Lo que sí ha llenado los titulares internacionales y ha llamado la atención pública en los últimos años ha sido la calidad del aire en las zonas urbanas, especialmente en las ciudades donde se celebraron los juegos olímpicos.

Pongamos Pekín. La ciudad es conocida por sus rascacielos que se elevan con rapidez y por su contaminación atmosférica. Pekín empezó a controlar de forma sistemática la contaminación atmosférica en 1998, tres años antes de ser seleccionada oficialmente para organizar los juegos olímpicos. Las autoridades tomaron medidas concretas para mejorar la calidad del aire antes de los juegos. Se reemplazaron los taxis y autobuses viejos y se trasladaron o cerraron las industrias contaminantes. En las semanas anteriores a los juegos se interrumpieron las obras de construcción y se limitó el uso de automóviles.

El profesor C .S. Kiang, uno de los principales científicos chinos sobre el clima, habla de la calidad del aire durante los Juegos de Pekín: «Durante los dos primeros días de los juegos, la concentración de PM2,5, las partículas finas que penetran profundamente en los pulmones, era de cerca de 150 mg/m3. El segundo día empezó a llover, los vientos giraron y los niveles de PM2,5 cayeron hasta situarse en torno a los 50 mg/m3, que es el doble del valor de 25mg/m3 indicado en las directrices de la OMS».

London marathon

(c) Rob Ewen | iStock

Un debate similar tuvo lugar en el Reino Unido antes de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012. ¿Sería la calidad del aire suficientemente buena para los atletas olímpicos, especialmente los corredores de maratón o los ciclistas? Según la Universidad de Manchester, los Juegos Olímpicos de Londres no estuvieron libres de contaminación, pero puede que hayan sido los juegos menos contaminados de los últimos años. El tiempo favorable y la buena planificación parecen haber ayudado; todo un logro si se compara con Londres en 1952.

Por desgracia, el problema de la contaminación atmosférica no desaparece una vez apagados los focos de los juegos olímpicos. En los primeros días de 2013, Pekín sufrió de nuevo una grave contaminación atmosférica. El 12 de enero, las mediciones oficiales indicaron concentraciones de PM2,5 de más de 400 mg/m3, mientras que lecturas no oficiales en diversos puntos alcanzaron los 800 mg/m3.

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