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Residuos alimentarios

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Casi una tercera parte de los alimentos que se producen en el mundo se echan a perder o se desperdician. En un mundo en el que más de mil millones de personas se acuestan con hambre, es inevitable la pregunta: ¿y qué podemos hacer? Con todo, los residuos alimentarios no son una mera oportunidad perdida de dar de comer al hambriento. También implican una considerable pérdida de otros recursos naturales como la tierra, el agua, la energía y el trabajo.
Food waste

Food waste  Image © Istock

Ricos y pobres, jóvenes y viejos: la necesidad alimenticia no discrimina edades. Los alimentos representan mucho más que la nutrición y la gran variedad de sabores que podemos llevarnos a la boca. Más de 4 000 millones de personas dependen de tres cultivos esenciales: el arroz, el maíz y el trigo. Son tres productos clave que nos proporcionan dos tercios de nuestro aporte energético. Habida cuenta de que el número de especies vegetales comestibles supera las 50 000, nuestra dieta cotidiana puede considerarse bastante monótona ya que no incluye sino varios centenares de especies que contribuyen al suministro de alimentos.

Dado que miles de millones de personas dependen de una serie de cultivos esenciales, el incremento registrado por los precios de los alimentos entre 2006 y 2008 afectó a todo el mundo. Aunque, en líneas generales, los países desarrollados no encontraron dificultades para seguir alimentando a su población, varias zonas de África sufrieron hambrunas, y no solo a causa de disfuncionalidades en el mercado.

El cambio climático es un factor añadido a las presiones que actúan sobre la seguridad alimentaria, y determinadas regiones sufren más que otras. Las sequías, los incendios y las inundaciones dificultan la capacidad productiva. Por desgracia, el cambio climático suele afectar a países más vulnerables que quizá no cuenten con los medios de adaptación necesarios.

Pero los alimentos también son, en cierto modo, otro «bien». Su producción requiere recursos como la tierra y el agua. Al igual que otros productos comerciales, se consumen o se utilizan y también pueden desaprovecharse. Se desperdicia una cantidad ingente de alimentos, especialmente en los países desarrollados, y ello no significa sino que también se desperdician los recursos utilizados para producirlos.

El sector de la alimentación y los residuos alimentarios se encuentran entre los aspectos clave destacados en la «Hoja de ruta hacia una Europa eficiente en el uso de los recursos» elaborada por la Comisión Europea en septiembre de 2011. Aunque se admite en líneas generales que estamos desaprovechando gran parte de los alimentos que producimos, es muy difícil proporcionar una estimación precisa. La Comisión Europea calcula que solo en la UE se desaprovechan anualmente 90 millones de toneladas de alimentos, o lo que es lo mismo, 180kg por persona. Gran parte de estos alimentos sigue siendo apta para el consumo humano.

No se trata solo de alimentos

Copyright: Gülcin KaradenizLos efectos ambientales de los residuos alimentarios no se limitan al uso del suelo y el agua. De acuerdo con el plan de trabajo de la Comisión Europea, la cadena de valor de los alimentos y bebidas en la UE es responsable directo del 17 % de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y del 28 % del uso de recursos materiales.

Tristram Stuart, ensayista y uno de los principales promotores del proyecto «Feeding the 5k» (una iniciativa consistente en alimentar a 5 000 personas en Trafalgar Square, Londres), reconoce que los países más ricos pierden entre un tercio y la mitad de todos sus alimentos.

«El problema no se circunscribe exclusivamente al mundo desarrollado. Los niveles de desperdicio de alimentos en los países en desarrollo son casi tan elevados como en los países ricos, pero por motivos muy diversos. En primer lugar puede achacarse a la falta de infraestructura agrícola adecuada, caso por ejemplo de la tecnología post-cosecha. Según Tristram, podemos cifrar en, como mínimo, un tercio el volumen de suministro alimentario que se desaprovecha en todo el mundo», afirma.

Los residuos alimentarios se generan en cada fase de la cadena de producción y de suministro, así como en la fase de consumo. Las razones pueden ser múltiples. La legislación, aprobada con el fin de proteger la salud humana, tiene en parte la culpa del desperdicio de alimentos. Otra parte podría guardar relación con las preferencias y los hábitos de consumo. Es necesario analizar y focalizar todas las etapas y los motivos para abordar adecuadamente la necesaria reducción de los residuos alimentarios.

El programa de trabajo de la Comisión Europea insta a un «esfuerzo combinado de los agricultores, el sector alimentario, los minoristas y los consumidores, mediante unas técnicas de producción que hagan un uso eficiente de los recursos». El objetivo de Europa es claro: reducir a la mitad los desechos de alimentos comestibles en la UE para 2020. Algunos diputados del Parlamento Europeo han solicitado que 2013 sea designado «Año Europeo contra el Desperdicio de Alimentos».

«No existe una solución mágica para todos. Cada problema requiere su propia solución», afirma Tristram, y añade «la noticia positiva es que sí es posible reducir nuestro impacto ambiental y que no necesariamente tiene por qué ser a costa de un sacrificio. No es como pedirle a la ciudanía que reduzca las horas de vuelo, reduzca el consumo de carne y haga menos uso del propio vehículo, lo que también podría revelarse necesario. En realidad, se trata de una oportunidad. Basta con no tirar la comida, y en lugar de ello, disfrutarla.»

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