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Usted está aquí: Inicio / Señales – El bienestar y el medio ambiente / Señales 2011 / Artículos / La salud y el cambio climático

La salud y el cambio climático

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En agosto de 2007, las autoridades sanitarias locales en Italia detectaron un número elevado de casos de una enfermedad inusual en Castiglione di Cervia y Castiglione di Ravenna, dos pequeñas aldeas divididas por un río. Casi 200 personas se vieron afectadas y un anciano murió (Angelini et al., 2007).

 Image © John McConnico

Tras una investigación exhaustiva, se descubrió que era la fiebre de chikungunya, una enfermedad causada por un virus originario de los insectos y transmitido a las personas por mosquitos del género Aedes, como el mosquito tigre, más común en África y Asia. Se rastreó el foco de la infección hasta descubrir que se trataba de un hombre que había estado de vacaciones en la región.

Se cree que el enfermo se infectó antes de viajar a Europa, pero que fue picado por un mosquito tigre en Italia. El mosquito tigre es un vector o portador del virus y se cree que el insecto en cuestión propagó el virus a otra persona en la aldea. Esto desató una reacción en cadena: los mosquitos tigre picaban a personas infectadas y propagaban el virus hasta que se desarrolló una epidemia a pequeña escala.

Una red de interacciones

El brote de chikungunya se debió a una complicada red de interacciones y condiciones que revelan algunos de los riesgos y retos para la salud a los que nos enfrentamos en un mundo globalizado. El turismo, el cambio climático, el comercio, el movimiento de especies y la salud pública fueron factores determinantes.

Se cree que el mosquito tigre fue introducido en Europa a través de una serie de productos importados, desde plantas decorativas como el «bambú de la suerte» hasta neumáticos usados. La larva del mosquito se ha encontrado en muchas partes de Europa, pero solo sobrevive en el exterior en países cálidos meridionales, o en invernaderos más al norte, como en los Países Bajos.

El dengue y la fiebre del Nilo occidental también se encuentran hoy en día en Europa y son transmitidos por picaduras de mosquitos. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), en Estocolmo (Suecia), desde el primer gran brote ocurrido en Rumanía en 1996 la infección por el virus del Nilo occidental se considera un motivo importante de preocupación en Europa. Actualmente no existe ninguna vacuna y las principales medidas preventivas están destinadas a reducir la exposición a las picaduras de mosquitos.

Producción intensiva de alimentos

Puede que estemos creando las condiciones necesarias para la propagación de enfermedades infecciosas; condiciones que antes no existían. La industrialización de la producción de alimentos, por ejemplo, es motivo de gran preocupación. Con la cría intensiva de un tipo de animal corremos el riesgo de producir «monocultivos» con poca variabilidad genética. Estos animales son muy susceptibles de contraer enfermedades creadas por la falta de higiene, o una infección a partir de animales silvestres, como las aves. Una vez dentro del monocultivo, las enfermedades pueden mutar con facilidad y propagarse incluso a personas que trabajan en contacto con los animales en cuestión. El abuso de los antibióticos se ha convertido en un método comúnmente aceptado para compensar la falta de resistencia natural; una práctica que podría provocar sus propios problemas.

«La eficiente agricultura moderna, al igual que la salud pública, recurre a la ciencia y la medicina para satisfacer algunas de las demandas de un mundo globalizado. Aunque la agricultura moderna nos ha reportado numerosos beneficios, con suministros de alimentos más baratos y abundantes, también puede dar lugar a presiones y problemas imprevistos», indica el Dr. Marc Sprenger, director del ECDC.

«Por ejemplo, como resultado del uso intensivo de antibióticos en la agricultura, su eficacia puede verse mermada, ya que las bacterias se vuelven más resistentes, lo que también puede repercutir en los seres humanos», afirma el Dr. Sprenger.

Innovación: medio ambiente y salud

Los esfuerzos en la lucha contra el cambio climático mejorarán la calidad del aire

El paquete de medidas sobre el clima y las energías renovables (CARE) de la Unión Europea tiene como objetivo:

  • reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 20 % para 2020;
  • aumentar la proporción de energías renovables en un 20 % para 2020;
  • mejorar la eficiencia energética un 20 % para 2020.

 Los esfuerzos necesarios para cumplir estos objetivos reducirán asimismo la contaminación atmosférica en Europa. Las mejoras de la eficiencia energética y un mayor uso de energías renovables, por ejemplo, permitirán reducir el empleo de combustibles fósiles, que son una importante fuente de contaminación atmosférica. Estos efectos secundarios positivos se denominan «beneficios complementarios» de las políticas en materia de cambio climático.

Se ha calculado que el paquete descrito permitirá reducir en miles de millones de euros anuales el coste del cumplimiento de los objetivos en materia de contaminación atmosférica de la UE. Y el ahorro para los servicios sanitarios europeos puede representar hasta seis veces esta cifra.

Aunar esfuerzos europeos

Las nuevas especies y las nuevas enfermedades que llegan a Europa son solo algunas de las repercusiones que el cambio climático tiene en la salud. Pero existen muchas más consecuencias ambientales y sociales que puedan afectar en última instancia a la salud a través de los cambios en la calidad y la cantidad del agua, el aire, los alimentos, las cambiantes condiciones meteorológicas, los ecosistemas, la agricultura y los medios de vida.

El cambio climático también podría exacerbar los actuales problemas medioambientales, como la contaminación atmosférica, y afectar al suministro de agua sostenible y los servicios de saneamiento.

La ola de calor que azotó Europa en el verano de 2003, con la muerte de más de 70 000 personas, puso de manifiesto la necesidad de adaptarnos al cambio climático. Las personas de edad avanzada y con determinadas enfermedades corren más riesgos, y los grupos de población más desfavorecidos son más vulnerables. En las zonas urbanas congestionadas, con un elevado nivel de sellado del suelo y con superficies que absorben el calor, los efectos de las olas de calor pueden verse incrementados debido a la falta de refrigeración durante la noche y las escasas corrientes de aire.

Para la población de la UE, se ha calculado que la mortalidad aumentará entre el 1 % y el 4 % por cada grado que aumente la temperatura por encima de un punto de corte (específico para cada localidad). En la década de 2020, el aumento estimado de la mortalidad relacionada con el calor, resultante de las previsiones sobre el cambio climático, podría superar las 25 000 muertes anuales, principalmente en las regiones de Europa Central y Meridional.

«El debate sobre la salud, el uso de la tierra, la agricultura, el turismo, el comercio y el cambio climático tiene que evolucionar de un modo imaginativo. Puede que en estos momentos no estemos relacionando correctamente la salud pública y el medio ambiente o el cambio climático», afirma el Dr. Sprenger.

«Por ejemplo, hace poco visité un departamento de sanidad y pregunté quién estaba al cargo de las cuestiones relacionadas con el cambio climático, y me respondieron que nadie. No estoy juzgando a ningún departamento o autoridad en concreto, pero esto nos da un ejemplo de la necesidad de cambiar la forma de pensar sobre estos problemas, ya que están todos conectados», indicar el Dr. Sprenger

«Los sistemas de salud pública deben empezar a adaptarse y abrirse a la posibilidad de nuevas enfermedades y nuevas condiciones ambientales. Puede que la gente no reciba el diagnóstico correcto porque su médico no conozca un virus nuevo. Muchos presentan los mismos síntomas que la gripe. Necesitamos nuevas herramientas, como una adecuada formación, para hacer frente a los nuevos retos, e instalaciones como los laboratorios deben ser flexibles y tener capacidad de adaptación», indica.

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MosquitoLas especies invasoras

El mosquito tigre asiático, o Aedes albopictus, es uno de los ejemplos más conocidos de una «especie invasora». Su hábitat natural tradicional se extiende desde Pakistán hasta Corea del Norte. Ahora se encuentra en todo el planeta y ha sido descrito como el «mosquito más invasor del mundo».

El mosquito es solo un ejemplo de una amenaza mucho más grave para la biodiversidad de Europa, a medida que especies exóticas o alóctonas se establecen y propagan por todo el continente a raíz de las actividades humanas. En todos los ecosistemas europeos pueden encontrarse especies exóticas. La globalización, especialmente el crecimiento del comercio y del turismo, ha propiciado el aumento del número y tipo de especies exóticas que llegan a Europa.

En Europa se han registrado unas 10 000 especies exóticas. Algunas de ellas, como la patata y el tomate, se introdujeron deliberadamente y siguen siendo económicamente importantes hoy en día. Otras, denominadas «especies exóticas invasoras», crean serios problemas para la horticultura, la agricultura y la silvicultura o son vectores de enfermedades, o incluso dañan construcciones como edificios y diques.

Las especies exóticas invasoras también alteran los ecosistemas en los que viven y afectan al resto de las especies que habitan en ellos. El Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica identifica las especies exóticas invasoras como uno de los principales peligros para la biodiversidad en todo el mundo.

 

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