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Usted está aquí: Inicio / Señales – El bienestar y el medio ambiente / Señales 2011 / Artículos / El reto de la contaminación

El reto de la contaminación

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 Image © Associated Press

«Los jardines y las calles estaban cubiertos por unos 15 cm de barro rojo. La gente intentaba eliminarlo de sus casas y de sus propiedades lavándolo con agua y jabón. Otros, simplemente, hacían las maletas. Yo intenté quitarlo de mis botas de goma esa misma noche pero no pude. El color rojo no se iba», narra Gábor Figeczky, responsable del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Hungría.

El 4 octubre de 2010 tuvo lugar uno de los peores vertidos tóxicos ocurridos en Europa en los últimos años, provocado por un accidente cerca de la ciudad de Ajka, en el condado de Veszprem (Hungría), a aproximadamente 160 km al sudoeste de Budapest. A causa de la ruptura de un dique de la balsa de contención de una planta de producción de aluminio, un barro alcalino inundó una amplia zona que abarcaba tres localidades. Aún se desconocen las consecuencias a largo plazo de este episodio (AEMA, 2010).

Esto es solo un ejemplo de los desafíos a los que nos enfrentamos en lo que a contaminación procedente de la actividad industrial se refiere. El vertido de petróleo del golfo de México, que comenzó en abril de 2010, es otro episodio bien documentado de contaminación en ese mismo año. Estos son ejemplos extremos, pero la mayoría de nosotros entra en contacto con algún tipo de contaminación en su vida diaria.

Street flowerDar forma a la Tierra y sus mecanismos

Los impactos humanos sobre el medio ambiente no han dejado de aumentar. Tiempo atrás, nuestros impactos eran, sobre todo, de alcance local, pero en las últimas décadas hemos sido testigos de impactos que se extienden a varias regiones; pensemos en la lluvia ácida. Y ahora, el cambio climático, por ejemplo, tiene un impacto mundial.

Se ha utilizado el término «antropocéntrica», basado en la palabra griega «anthropos», que significa «ser humano», para describir nuestra época, lo cual se debe a que el uso de los recursos por parte de los seres humanos, con la compleja mezcla de agentes contaminantes que resulta de ello, se ha convertido en una fuerza impulsora dominante, dando forma a la Tierra y a sus mecanismos de regulación.

Al igual que nosotros, nuestro entorno es vulnerable a la contaminación. A menudo es capaz de absorber los resultados no deseados de nuestras actividades —contaminación y residuos— y hacer que pierdan su poder nocivo a lo largo del tiempo. De hecho, esta capacidad de absorber y transformar sustancias contaminantes es uno de los servicios esenciales que los ecosistemas sanos realizan para nosotros. Pero los ecosistemas tienen una capacidad limitada en este sentido. Si los sobrecargamos, corremos el riesgo de dañarlos y de dañar a las especies que viven en ellos, incluyendo el propio ser humano.

Un estudio más detenido de tres contaminantes

Solo tenemos que fijarnos en tres tipos de contaminantes para hacernos una idea de los graves impactos a los que estamos sometiendo a nuestro planeta: partículas, nitrógeno y ozono troposférico. Estas sustancias merecen una atención especial debido a que sus efectos son complejos y con un gran alcance potencial sobre el funcionamiento del ecosistema, la regulación climática y la salud humana, y a que comparten en gran medida las mismas fuerzas motrices, como son la industrialización, la globalización y el consumo creciente.

Las emisiones de muchos contaminantes atmosféricos han disminuido significativamente a lo largo de las últimas décadas en Europa, y la política en materia de calidad del aire es uno de los grandes éxitos de los esfuerzos medioambientales de la UE. En concreto, dicha política ha reducido drásticamente las emisiones de azufre, el principal componente de la «lluvia ácida».

Sin embargo, seguimos cargando el medio ambiente con contaminantes cada vez más complejos, cuyos efectos potenciales sobre la salud pública y los ecosistemas no se conocen en profundidad. Se calcula que ya se están comercializando entre 70 000 y 100 000 sustancias químicas, y esta cantidad crece rápidamente. Casi 5 000 de estas sustancias se producen en gran cantidad, más de 1 millón de toneladas al año.

  • El término «partículas» describe una serie de fragmentos diminutos procedentes de escapes de vehículos y estufas domésticas, que afectan a los pulmones. La exposición crónica a concentraciones máximas puede tener efectos muy diferentes sobre la salud, desde irritaciones leves del sistema respiratorio hasta la muerte prematura.
  • La contaminación por nitrógeno afecta a la calidad de los acuíferos y ocasiona la eutrofización del agua dulce y de los ecosistemas marinos. Después de la aplicación de estiércol y fertilizantes a las tierras de cultivo, el exceso de nutrientes puede ser emitido al aire, filtrarse en forma de nitrato hacia las aguas subterráneas o bien ser arrastrado hacia las aguas superficiales. Esta carga de contaminación presente en el agua dulce acaba descargándose en las aguas costeras, donde puede acarrear graves consecuencias.
  • Aunque su función es la de actuar como una capa protectora que envuelve a la Tierra, el ozono (O3) puede ser perjudicial. Por «ozono troposférico» se entiende el ozono presente en el aire cerca de la superficie terrestre. No se emite directamente a la atmósfera, sino que se forma cuando se mezclan otras sustancias. La exposición al ozono troposférico puede tener graves implicaciones para la salud de las personas y reducir el rendimiento de las cosechas. La productividad y la composición de especies de los hábitats naturales puede cambiar, haciendo que la biodiversidad corra peligro.

 

Innovación: el ejemplo de la energía

«Es como encontrar una aguja en un pajar», así describe la empresa Ocean Nutrition Canada su descubrimiento de un alga microscópica que es capaz de producir triacilglicerol, un aceite básico para generar biocombustible, a un ritmo 60 veces más rápido que otros tipos de algas utilizadas con anterioridad.

Al convertir el dióxido de carbono, con ayuda de la luz del sol, en lípidos (ácidos grasos) y aceites, ciertos tipos de algas pueden generar hasta 20 veces más combustible por hectárea que los cultivos tradicionales.

Este proyecto es solo un ejemplo de la investigación que se está llevando a cabo para encontrar nuevas opciones de combustibles en todo el mundo. Ciertas algas unicelulares contienen aceites similares a los aceites vegetales que ya han sido utilizados con éxito como biocombustibles. Y este aceite procedente de las algas bien puede ser la solución más ecológica que tengamos a nuestra disposición para reducir la huella de carbono que dejamos cada vez que conducimos un vehículo, compramos fruta que ha sido transportada en camiones desde muy lejos o viajamos en avión.

A diferencia de los combustibles fósiles, que liberan carbono, las microalgas consumen a medida que crecen el dióxido de carbono (CO2) presente en la atmósfera. Por tanto, el combustible procedente de las algas no aumenta las emisiones netas de carbono.

Y, a diferencia de otras fuentes de biocombustibles tales como el maíz, las microalgas no necesitan utilizar las tierras de cultivo destinadas a la producción de alimentos. De hecho, según el Consejo Nacional de Investigación de Canadá, líder en esta área de investigación, un escenario ideal sería cultivar microalgas en las aguas residuales municipales, ricas en fertilizantes como amoníaco y fosfatos. El dióxido de carbono se podría desviar de las chimeneas de combustión industriales para proporcionar la fuente de carbono. Ninguna otra fuente de biocombustible se podría cultivar de esta manera.

Ocean Nutrition Canada es, de hecho, una empresa de complementos alimentarios y estaba buscando ingredientes cuando hizo su descubrimiento. Esta realidad ilustra perfectamente tanto el potencial como los conflictos a los que tendremos que hacer frente en el futuro. ¿Deberíamos utilizar los cultivos/recursos para alimentarnos o para producir combustible? ¿Puede la innovación determinar nuestra evolución futura?

Vigilar la Tierra

En el contexto de este desafío de creciente complejidad que supone la contaminación, la información es vital para la ciencia y la elaboración de políticas medioambientales. Sin embargo, la AEMA también está comprometida en la divulgación de información medioambiental pertinente, oportuna y comprensible para el público en general. Expresado de una manera sencilla, queremos animar a las personas a que participen en el debate y se comprometan.

Para la mayoría de los usuarios, por supuesto, los datos en bruto pueden no tener demasiado sentido. La clave es presentarlos en formatos adecuados y accesibles. Junto con Microsoft, la AEMA está trabajando para que estas ideas se plasmen en hechos. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación permiten, de una forma centralizada, recopilar, organizar y acceder a datos de distintos tipos procedentes de una cantidad potencialmente enorme de fuentes.

La nueva plataforma Eye on Earth proporciona información sobre las aguas de baño y la calidad del aire a escala local, basándose en datos prácticamente en tiempo real procedentes de estaciones de vigilancia y la modelización por ordenador. Traduce, a 25 idiomas, datos científicos complejos bastante «secos» en un formato adecuado y comprensible para más de 500 millones de ciudadanos de la UE.

Water Watch, por ejemplo, permite a los usuarios un acceso fácil a la información sobre los índices de calidad del agua obtenidos a partir de 21 000 puntos de vigilancia situados en zonas de baño de 27 países europeos. Utilizando tecnología de computación virtual, quienes visiten el sitio pueden ampliar el área seleccionada del mapa de Europa en línea, o bien teclear el nombre de una playa en la barra de búsqueda.

Eye on Earth también da al público la posibilidad de opinar sobre la calidad de las playas, del agua y del aire, complementando y validando (o tal vez refutando) la información oficial. Esta comunicación en ambos sentidos es un paso clave para interconectarse y comprometerse entre las diversas comunidades. A lo largo de los próximos años, esperamos enriquecer el servicio con nuevos tipos de información derivados tanto de la vigilancia científica como de otras fuentes, incluyendo los puntos de vista locales o nativos.

 

Europa está innovando

Garantizar el acceso a los recursos naturales es crucial para todas las regiones del mundo. Esto es especialmente cierto en el contexto de la demanda global de energía, en el que una creciente escasez de combustibles fósiles puede estimular un cambio hacia fuentes energéticas que estén disponibles en el ámbito doméstico.

Un cambio hacia nuevas fuentes de energía podría afectar al medio ambiente en Europa. Entre los impactos potenciales se incluyen un aumento en la ocupación del suelo para los biocombustibles, la alteración de ecosistemas debida a la nueva capacidad hidroeléctrica, la contaminación visual y auditiva procedente de las turbinas eólicas y la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la explotación de esquistos bituminosos. La expansión de la capacidad de la energía nuclear desencadenará debates públicos acerca del almacenamiento de residuos y los riesgos para la seguridad.

Europa debe continuar innovando y encontrando nichos de mercado que reduzcan la necesidad general de minerales, metales y energía a la vez que desarrollemos nuevas tecnologías y soluciones.

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