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Consumo no sostenible

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Mensaje clave: Uno de los motivos principales por los que el consumo afecta negativamente al medio ambiente y causa una sobreexplotación de los recursos es que los costes para la sociedad procedentes de la degradación ambiental y de los recursos no se reflejan en su totalidad en los precios de los bienes y servicios. Muchos bienes son baratos, a pesar de que causen daños al medio ambiente, a los ecosistemas o a la salud humana. (SOER 2010)

 Image © EEA/John McConnico

 

«El humo empezó a flotar por encima de la granja una tarde, cuando era casi de noche. No era un espectáculo bonito. La ceniza caía como si fuera nieve», comentó Guðni Þorvaldsson, que dirige la granja familiar situada en el sur de Islandia, a solo 8 km del volcán Eyjafjallajökull.
«Tuvimos que meter a las ovejas, los corderos y algunos de los caballos dentro. Teníamos que supervisar a las ovejas cada tres horas, porque era la época de parición. Todo estaba de color gris. Los trozos más grandes de ceniza medían 3 cm. Mis pisadas se marcaban en ella como si fuera nieve.»

Guðni Þorvaldsson y el resto de la población islandesa estaban increíblemente bien preparados para la erupción masiva del volcán Eyjafjallajökull, que tuvo lugar en marzo de 2010. Un sofisticado sistema de vigilancia que utiliza tecnología de localización global por satélite mide continuamente la actividad volcánica en Islandia. Las lecturas sugerían que el volcán estaba aumentando de altura, un signo inequívoco de actividad dentro de la montaña. Otras actividades de seguimiento también confirmaron esta teoría. Un sistema público de información eficaz, demuestra lo valiosa que puede llegar a ser la información ambiental.

Tal vez el resto del mundo no estaba tan bien preparado. En cuestión de días, los impactos alcanzaron una escala mundial, sobre todo debido a la nube masiva de cenizas que se formó y a su impacto en el tráfico aéreo. La ceniza ocupaba una franja de altitud comprendida entre los 6 000 y los 11 000 metros, la misma en la que se mueven los aviones comerciales. Tuvo que cerrarse el espacio aéreo europeo, lo que a su vez obligó a que se quedaran en tierra vuelos con dirección a Europa procedentes de sitios tan lejanos como Sidney. La IATA estimó que las líneas aéreas estaban perdiendo unos ingresos de 200 millones de dólares al día.

Prácticamente todas las industrias que dependen del transporte aéreo se vieron afectadas. En Kenia, las plantas, flores y verduras que habían sido cultivadas para el mercado europeo se marchitaron al sol con pérdidas de millones de euros. Se estima que durante los primeros días después de la erupción se tuvieron que tirar a la basura 10 millones de flores (principalmente rosas). Verduras tales como espárragos, brécol y judías verdes, terminaron siendo pasto para el ganado en vez de ocupar las mesas europeas El suministro de atún fresco procedente de Vietnam y Filipinas empezó a escasear en Europa.

Los cielos europeos, inquietantemente silenciosos en abril de 2010, sirvieron para recordar cuánto tráfico aéreo suele haber. Los relatos sobre plantas que se marchitan en Kenia nos recuerdan de dónde provienen algunas de nuestras flores y verduras. De hecho, la erupción mostró claramente la conexión entre algunos de los sistemas clave, tanto artificiales como naturales, que cimientan nuestra sociedad globalizada.

Nuestro gran pie

La huella ecológica es una de las diversas medidas que se utilizan para ilustrar las demandas de la humanidad sobre el planeta. Tiene sus limitaciones, pero también es un concepto relativamente fácil de comprender: es una estimación del área de tierra y de mar necesaria para proporcionar los recursos que utilizamos y para absorber nuestros residuos.

En 2003, la huella ecológica de la Unión Europea fue de 2 260 millones de hectáreas globales o 4,7 hectáreas por persona. En cambio, el área productiva total de Europa fue de 1 060 millones de hectáreas globales o 2,2 hectáreas por persona (WWF, 2007).

Si todos los ciudadanos del mundo vivieran como lo hacen los europeos, la humanidad necesitaría más de dos planetas y medio para suministrar los recursos que consumimos, absorber nuestros residuos y dejar algo de sitio a las especies salvajes (WWF, 2007).

El día de la deuda ecológica

El día de la deuda ecológica (Earth Overshoot Day) marca la fecha en la que el consumo de los recursos ecológicos por parte de la población humana en ese año es igual a lo que la naturaleza puede producir en 12 meses. A partir de esa fecha se nos agotan los «ingresos colectivos» y empezamos a «vivir a cuenta», por encima de la capacidad de regeneración del planeta.

En 2010, la Global Footprint Network estimó que el 21 de agosto la humanidad habría consumido todos los servicios ecológicos, desde la filtración de CO2 hasta la producción de materias primas para alimentación, que la naturaleza podría prestar de forma segura para todo ese año. Desde el 21 de agosto hasta el final de año nuestras demandas ecológicas se vieron satisfechas agotando los recursos existentes y acumulando gases de efecto invernadero en la atmósfera.

¿Sabía que...? Un ciudadano medio europeo utiliza cuatro veces más recursos que uno africano y tres veces más que uno asiático, pero la mitad que uno de Estados Unidos, Canadá o Australia.

SOER 2010

Alimentar nuestras costumbres

Tanto la huella ecológica como el día de la deuda ecológica son estimaciones generales, pero sabemos con certeza que nuestra demanda de recursos naturales en todo mundo ha aumentado tremendamente a lo largo de las últimas décadas, hecho que ha estado impulsado, sobre todo, por el crecimiento de la población, la riqueza y el consumo. Este aumento de la población ha tenido lugar principalmente en los países en desarrollo, mientras que los mayores niveles de riqueza y de consumo se encuentran en países desarrollados.

En Europa mantenemos nuestros déficits ecológicos (la diferencia entre nuestra huella y nuestra biocapacidad) importando bienes y servicios de fuera de nuestras fronteras. También exportamos parte de nuestros residuos. En esencia, cada vez nos estamos volviendo menos autosuficientes.

Como resultado del aumento del comercio global, una parte cada vez mayor de las presiones e impactos ambientales que causan los países de la UE por su consumo se advierten en otras partes del mundo. Aunque algunos de estos cambios tienen lugar entre los propios países de la UE, una parte importante se realiza más allá de la competencia y alcance de las actuales políticas de la UE relacionadas con la producción, lo cual significa que estamos exportando los impactos de nuestro consumo a países en los que las políticas ambientales a menudo no están suficientemente desarrolladas, poniendo a las poblaciones locales y al medio ambiente bajo una presión extrema.

El consumo global está causando impactos irreversibles de gran importancia en los ecosistemas globales: cada año se talan 130 000 km2 de bosque lluvioso tropical. Además, desde 1960 un tercio de las tierras de cultivo de todo el mundo ha sido abandonadas o se han agotado como resultado de la sobreexplotación y degradación del suelo. (*)

Romper el ciclo

Debemos mejorar a la hora de equilibrar la necesidad de preservar el capital natural y utilizarlo para impulsar la economía. En este contexto, es fundamental incrementar la eficacia con la que consumimos los recursos. Hemos de reconocer que nuestras actuales demandas sobre los sistemas naturales son insostenibles y que, básicamente, se trata de hacer más con menos.

Afortunadamente, este es un ámbito en el que los intereses de los sectores medioambiental y comercial pueden coincidir: las empresas prosperan o se tambalean según su capacidad para sacar el máximo partido a los insumos, del mismo modo en que preservar el mundo natural y el bienestar humano depende de que hagamos más con un flujo de recursos limitado.

La eficiencia en la utilización de los recursos es ahora una iniciativa insignia de la UE, un elemento crucial de la estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo en 2020. Esta eficiencia combina los principios del buen comercio con buenas prácticas ambientales, haciendo más a la vez que se reducen los residuos. Sería como combinar una dieta más sana con la práctica de ejercicio: tras un periodo inicial, aprendemos que podemos hacer más con menos.

(*) Para más información véanse las evaluaciones temáticas de SOER: consumo y medio ambiente:
www.eea.europa.eu/soer/europe/consumption-and-environment

Adquisición de energía

Nuestro consumo al alimentarnos, conducir o calentar nuestras casas, ocasiona directamente presiones ambientales. Sin embargo, tienen una magnitud mayor las presiones indirectas que se crean a lo largo de las cadenas de producción de los bienes y servicios consumidos. En este grupo se podrían incluir los impactos procedentes de la minería o la recogida de las cosechas, del uso de agua para cultivos o del daño a la biodiversidad local como consecuencia de una agricultura intensiva o de la contaminación.

No obstante, como consumidores podemos influir en nuestros impactos ambientales, por ejemplo adquiriendo alimentos y fibras producidos de una manera sostenible.

La producción ecológica y la «agricultura de conservación» están ganando popularidad y teniendo éxito en todo el mundo. La Iniciativa para la Conservación del Algodón es solo un ejemplo de enfoque sostenible de la producción que disminuye los impactos en los entornos locales.

CottonInnovación: vestuario

La Iniciativa para la Conservación del Algodón
La Iniciativa para la Conservación del Algodón en Uganda (Conservation Cotton Initiative Uganda, CCIU) fue creada por la empresa de «ropa ética» EDUN, la Wildlife Conservation Society e Invisible Children, con el fin de construir comunidades de agricultura sostenible en Uganda.

«La CCIU está situada en una de las áreas más pobres de Uganda, Gulu District, zona que se está recuperando de una guerra civil que desplazó a millones de personas. El programa de la CCIU proporciona a los agricultores la oportunidad de volver a su tierra y les da la financiación, las herramientas y la formación necesarias para que establezcan un negocio sostenible de algodón», afirma Bridget Russo, directora de Marketing Global de EDUN.

Se forma a los agricultores para que amplíen sus campos cosechando una combinación de cultivos rotativos de alimentos para satisfacer las necesidades básicas de sus familias, y algodón, un cultivo comercial para el que hay demanda internacional. Actualmente 3 500 agricultores se benefician del programa de la CCIU y está previsto aumentar este número hasta 8 000 a lo largo de los próximos tres años.

Esta colaboración tiene como objetivo mejorar los medios de subsistencia de comunidades africanas, apoyando a los agricultores en el cultivo sostenible para la «conservación del algodón».

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