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COMUNICADO DE PRENSA

Copenhague, 30 de mayo de 2002

Para su difusión inmediata

El sector energético de la UE no logra reducir suficientemente su impacto ambiental

El consumo energético en la Unión Europea crece -sobre todo a causa del aumento del transporte- y la eficiencia energética progresa lentamente. Es preciso que la expansión de las energías renovables duplique por lo menos su actual ritmo si se pretende alcanzar los objetivos de incrementar su cuota de mercado de aquí al año 2010.

Estas son algunas de las principales conclusiones del primer informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente sobre la energía y el medio ambiente en la UE, publicado hoy.

La energía es una cuestión central para el bienestar social y económico, pero su producción y consumo ejercen una presión notable sobre el medio ambiente. Esta presión incluye la inducción de cambios potencialmente peligrosos del clima mundial, el deterioro de los ecosistemas naturales, el deslustre del entorno arquitectónico y el menoscabo de la salud humana.

"El informe demuestra que, si bien se han logrado algunos éxitos, el progreso general realizado en la incorporación de las necesidades de protección del medio ambiente en la política energética ha sido hasta ahora insuficiente", en palabras de Domingo Jiménez-Beltrán, Director Ejecutivo de la AEMA.

Y añade: "También demuestra que algunos países y sectores de la UE lo hacen mucho mejor que otros. La UE podría mejorar sus logros globales si los Estados miembros cuyos resultados son inferiores a la media aprendieran de los que se sitúan a la cabeza.

"Se puede mejorar más, incluso en ámbitos en los que la UE ya destaca con respecto a Estados Unidos, como la intensidad energética de la economía y las emisiones de gases de efecto invernadero que alteran el clima", añade el Sr. Jiménez-Beltrán.

Las emisiones de gases de efecto invernadero en la UE disminuyeron un 3,5% entre 1990 y 2000, pero si no se adoptan contramedidas adicionales es probable que aumenten de nuevo hasta el año 2010 a un nivel cercano al de 1990. Esto se debe a un aumento previsto de las emisiones relacionadas con la energía, impulsadas sobre todo por la fuerte demanda de carburantes de transporte.

La UE correría, por consiguiente, el riesgo de no alcanzar su objetivo, fijado en el marco del Protocolo de cambio climático de Kyoto, de rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero al 8% por debajo de los niveles de 1990 hasta el período 2008-2012.

Además, se prevé que los niveles de consumo de energía sigan aumentando después del año 2010. Ello dificultará la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, a menos que se adopten ahora políticas encaminadas a cambiar pautas tradicionales de producción y consumo de energía.

El informe se basa en indicadores de progreso para evaluar la eficacia con que se integran las políticas y las consideraciones medioambientales en las políticas energéticas de la UE y sus Estados miembros. La integración del medio ambiente en otras políticas es un objetivo manifiesto del Tratado de la UE.

En Energy and Environment in the European Union (Energía y Medio Ambiente en la Unión Europea) se señala que, a pesar del aumento de la fiscalidad de la energía, la mayoría de los precios de la energía en la UE han disminuido desde 1985.

El informe advierte de que esta tendencia desincentivará probablemente el ahorro de energía e incluso favorecerá su consumo, a menos que se apliquen políticas para mejorar la gestión de la demanda energética e integrar los costes "externos" de la energía --para el medio ambiente y la salud humana-- en su precio.

Los costes externos de la electricidad, por ejemplo, se cifran entre el 1 y el 2% del producto interior bruto de la UE.

En la vertiente positiva, el informe refleja que las medidas destinadas a reducir la contaminación ambiental del consumo energético han dado buenos resultados y que los vertidos de petróleo en el mar han disminuido, aunque siguen presionando notablemente sobre el entorno marino.

La industria manufacturera ha sabido "desacoplar" su consumo energético de su crecimiento económico, pero es el único sector que lo ha hecho. Su consumo energético de 1999 fue casi el mismo que el de 1990.

Otro elemento positivo es que varios países han destacado a la hora de demostrar la eficacia de medidas concretas para promover la expansión de energías renovables y mejorar la eficiencia energética.

En palabras del Sr. Jiménez-Beltrán:

"Estoy seguro de que este primer informe sobre la energía y el medio ambiente demostrará su valor añadido para la gobernabilidad de la política energética. Los éxitos y los fracasos que señala deberían favorecer la aplicación de políticas, por ejemplo en el ámbito de la fiscalidad, que conduzcan la liberalización de los mercados energéticos hacia la sostenibilidad."

Entre las principales conclusiones del informe figuran las siguientes:

  • Los precios de la energía han descendido en general entre 1985 y 2001, a pesar del aumento de la fiscalidad. Esto ha incentivado muy poco el ahorro de energía, y la demanda general de energía ha aumentado.
  • Las subvenciones siguen distorsionando el mercado energético a favor de los combustibles fósiles, incluso conociendo las presiones que ejercen estos sobre el medio ambiente.
  • La innovación es necesaria para ayudar a desarrollar tecnologías menos contaminantes; ahora bien, el gasto dedicado a la investigación y desarrollo de la energía ha disminuido cerca del 30% entre 1990 y 1998.
  • El consumo de energía se ha incrementado por término medio un 1,1% anual entre 1990 y 1999, principalmente debido al crecimiento del sector del transporte, pero también en el sector doméstico y el de servicios. Se prevé que el crecimiento se mantendrá hasta 2010, si bien con un ritmo inferior, cuando dé sus frutos un acuerdo de la industria del automóvil con miras a mejorar la eficiencia del combustible.
  • Las mejoras de la eficiencia energética han sido lentas, pero algunos países han demostrado las potenciales ventajas que encierran las buenas estrategias y las buenas prácticas. Excepto la industria manufacturera, ningún sector ha "desacoplado" su consumo energético de su desarrollo económico hasta el punto de detener el aumento del consumo.
  • Con un 1,9% anual, el consumo de electricidad ha crecido más rápidamente que el consumo energético en general entre 1990 y 1999. Se prevé que se mantendrá esta tendencia.
  • La cuota de la electricidad cogenerada (CHP) ha aumentado del 9% en 1994 a casi el 11% en 1998, pero se necesita un mayor crecimiento para alcanzar el objetivo indicativo de la UE del 18% para 2010. Los datos preliminares indican que la cuota de la electricidad cogenerada ha disminuido entre 1998 y 2001.
  • Los combustibles fósiles siguen dominando el consumo energético, pero se han limitado sus presiones medioambientales gracias a la sustitución del carbón y el lignito por gas natural, que es relativamente más limpio. No obstante, no se prevén nuevas sustituciones para después de 2010.
  • La producción de energía renovable ha crecido un promedio del 2,8% anual entre 1990 y 1999, pero su cuota en el consumo energético total solo ha aumentado ligeramente, del 5,0% al 5,9%, porque el consumo total también ha crecido. Las proyecciones de la demanda futura de energía implican que el índice anual de crecimiento de la energía renovable debe aumentar más del doble, hasta el 7%, si se quiere cumplir el objetivo de una cuota del 12% para 2010. La experiencia de algunos Estados miembros indica que ciertas medidas de apoyo pueden acelerar el crecimiento.
  • De forma similar, es preciso que el índice de crecimiento de la electricidad generada a partir de fuentes de energía renovables (2,8% al año entre 1990 y 1999) aumente aproximadamente el doble si se pretende alcanzar el objetivo indicativo de incrementar la cuota de las energías renovables en el consumo eléctrico de la UE al 22,1% para 2010.
  • Las emisiones totales de gases de efecto invernadero en la UE han disminuido un 3,5% entre 1990 y 2000, pero las emisiones relacionadas con la energía, que es de lejos el mayor componente, han disminuido mucho menos. Ello supone que a medio plazo sea poco probable una reducción significativa de las emisiones totales.
  • El descenso en la última década de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía se ha logrado gracias a las notables reducciones logradas por la industria manufacturera y de suministro de energía, como el sector eléctrico. El crecimiento del transporte ha compensado en gran parte estas reducciones.
  • Las medidas adoptadas para reducir la contaminación ambiental causada por el consumo de energía están resultando satisfactorias, y una serie de Estados miembros se esfuerzan por cumplir para el año 2010 los objetivos de la UE de reducir las emisiones de dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles que no sean metano.
  • El sector eléctrico ha reducido de forma significativa sus emisiones de contaminantes acidificantes y de gases de efecto invernadero, principalmente gracias a la sustitución del carbón y el lignito por gas natural y a la adopción de medidas específicas para abordar las emisiones acidificantes. La mejora de la eficiencia y el aumento de la cuota de la electricidad de procedencia nuclear y de fuentes renovables también han propiciado esta tendencia, aunque en mucha menor medida.
  • Los residuos altamente radiactivos procedentes de la producción de energía nuclear siguen acumulándose, y aún está por determinar un itinerario de vertido generalmente aceptable.
  • Se han reducido los vertidos de petróleo causados por refinerías costeras, instalaciones en alta mar y el transporte marítimo, pero siguen ejerciéndose presiones significativas sobre el entorno marino.

El informe puede descargarse de la página web de la AEMA en http://reports.eea.europa.eu/environmental_issue_report_2002_31. Los medios de comunicación pueden asimismo solicitar ejemplares impresos si así lo desean.

Notas para los editores

  • Mientras en la UE se ha producido una reducción del 3,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero entre 1990 y 2000, en Estados Unidos ha aumentado durante el mismo período un 21%. Ninguna de estas cifras tiene en cuenta la posible absorción del carbono en "sumideros" como los bosques. El incremento de EEUU ha sido del 14% si se tienen en cuenta los sumideros.
  • Los gases de efecto invernadero controlados por el Protocolo de Kyoto son el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruros de azufre (SF6).
  • Las emisiones asociadas a la energía son emisiones procedentes de la combustión de todos los carburantes utilizados para la obtención de energía.
  • El consumo energético final es el consumo de energía del transporte, los hogares, la agricultura y el sector servicios. Incluye el consumo de energía transformada (es decir, electricidad, calefacción de suministro público, productos de refino del petróleo, coque, etc.) y el consumo directo de carburantes primarios, como gas natural y ciertas fuentes de energía renovables (por ejemplo, energía solar y biomasa).
  • La energía renovable puede producir electricidad y calor. Entre las fuentes de energía renovables se cuentan el sol, el viento, la biomasa y los residuos, la energía hidráulica (grandes y pequeñas instalaciones) y geotérmica.
  • Las plantas de cogeneración de calor y electricidad no solo generan electricidad, sino que también aprovechan el calor producido que de lo contrario se perdería. Esto es importante para el medio ambiente, ya que contribuye a aumentar la eficiencia energética.
  • El dióxido de azufre (SO2), emitido cuando se queman sustancias que contienen azufre, como el carbón y el petróleo, contribuye a la acidificación.
  • Los óxidos de nitrógeno (NOx), emitidos cuando se queman combustibles fósiles, contribuyen a la acidificación y a la contaminación por ozono troposférico.
  • La acidificación viene causada por la deposición de sustancias acidificantes que pueden dañar los edificios y medios naturales, como los sistemas de agua dulce, los bosques, el suelo y los ecosistemas naturales, y también está asociada a efectos negativos para la salud.
  • Los compuestos orgánicos volátiles que no son metano, emitidos por una amplia gama de fuentes de la industria, el transporte, los hogares y la agricultura, contribuyen a la contaminación por ozono troposférico.

Acerca de la AEMA

La Agencia Europea de Medio Ambiente es la principal fuente de información utilizada por la Unión Europea y sus Estados miembros a la hora de desarrollar políticas medioambientales. El objetivo de la Agencia consiste en respaldar el desarrollo sostenible y contribuir a una mejora significativa y cuantificable del medio ambiente europeo, facilitando una información oportuna, selectiva, relevante y fiable a los responsables políticos y al público en general. Constituida por la UE en 1990 y en funcionamiento en su sede de Copenhague desde 1994, la AEMA es el eje de la Red Europea de Información y Observación del Medio Ambiente (EIONET), que cuenta con unos 300 organismos en toda Europa y a través de la cual la Agencia recopila y difunde datos e información relacionados con el medio ambiente.

La Agencia, abierta a todas las naciones que compartan sus objetivos, cuenta en la actualidad con veintinueve países miembros: los quince Estados miembros de la UE; Islandia, Noruega y Liechtenstein (miembros del Espacio Económico Europeo); y once de los trece países de Europa central y oriental y de la zona mediterránea candidatos a la adhesión a la UE: Bulgaria, Chipre, la República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Rumania, Eslovenia y la República Eslovaca. La incorporación de estos países convierte a la Agencia en el primer organismo de la UE en admitir a países candidatos a la adhesión a la UE. Se anuncia que los dos países candidatos que faltan, Polonia y Turquía, ratificarán sus acuerdos de incorporación en las próximas semanas. Con ello, los países miembros de la Agencia sumarán treinta y uno. Además, están en curso negociaciones con Suiza. La AEMA



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