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Si el pozo se seca - La adaptación al cambio climático y el agua

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«Nos cortan el agua una o dos veces al mes, algunas veces más,» dice Barış Tekin en su apartamento de Beşiktaş, un barrio histórico de Estambul, donde vive con su mujer y su hija. «En el apartamento guardamos cerca de 50 litros de agua embotellada para poder lavarnos y limpiar en caso de emergencia. Si cortan el agua por mucho tiempo, vamos a casa de mi padre o a la de mis suegros,» comenta Barış, profesor de economía de la Universidad de Marmara.

El viejo piso no tiene depósito de agua propio; la familia Tekin está conectada directamente a la red de abastecimiento de agua de la ciudad. La sequía que afecta a la parte occidental de Turquía desde hace dos años obliga a realizar cortes regulares del suministro de agua a la ciudad de hasta 36 horas de duración.

La falta de agua no es nueva; Barış lo recuerda también de su infancia. Aunque las mejoras de la infraestructura limitan las pérdidas de agua, la sequía actual es especialmente grave y el «racionamiento de agua» durante los meses estivales es un hecho cotidiano para los 12 millones de habitantes de la ciudad.

Impactos del cambio climático

Episodios extremos de calor y sequía, lluvia e inundaciones están afectando a muchas partes de Europa.

El pasado verano, mientras el periódico español El País publicaba fotografías de lechos fluviales secos, en el diario británico The Guardian aparecían alarmantes titulares sobre inundaciones. Mientras el Ayuntamiento de Barcelona elaboraba planes para importar agua en barcos, el Gobierno británico supervisaba las defensas contra inundaciones.

Las causas son muchas, pero se cree que el cambio climático aumentará la frecuencia y la gravedad de estos fenómenos. Incluso si reducimos las emisiones, la acumulación histórica de gases de efecto invernadero provocará cierto cambio climático, así que habrá repercusiones. Por tanto, tendremos que adaptarnos, es decir, evaluar nuestra vulnerabilidad y tomar medidas para reducir los riesgos. Este análisis de la adaptación al cambio climático se centra en problemas relacionados con el agua, principalmente la sequía.

Escasez de agua y sequía

A medida que suba la temperatura, disminuirán las reservas de agua en el sur de Europa. Al mismo tiempo crecerá la demanda de agua para la agricultura y el turismo, especialmente en las regiones más secas y cálidas.

El aumento de temperatura de las aguas y la pérdida de caudales de los ríos en el sur afectarán también a la calidad del agua. Una mayor frecuencia de episodios extremos de lluvias torrenciales y avenidas repentinas aumentará el riesgo de contaminación derivada del desbordamiento de los cauces y de las descargas de emergencia de las plantas depuradoras de aguas residuales.

Durante la primavera de 2008, los niveles de agua de los embalses que abastecen Barcelona estaban tan bajos que se elaboraron planes para transportar agua en barcos. Con un coste estimado de 22 millones de euros, se fletaron seis cargamentos, cada uno con agua dulce suficiente para llenar diez piscinas olímpicas. El agua dulce debía transportarse desde Tarragona, en el sur de Cataluña, Marsella y Almería, una de las zonas más áridas del sur de España. Afortunadamente, mayo fue un mes lluvioso y los embalses se llenaron lo suficiente como para posponer los planes. No obstante, las discusiones sobre transvases de ríos como el Ebro o incluso el Ródano, en Francia, continúan (1).

Chipre está pasando por una sequía catastrófica. La demanda de agua ha ido en aumento durante los últimos 17 años y se sitúa en más de 100 millones de metros cúbicos (m3) de agua dulce al año. Durante los tres últimos años había disponibles solamente 24, 39 y 19 millones de m3, respectivamente.

Para aliviar la crisis, el verano pasado se acarreó agua por mar desde Grecia. En septiembre de 2008 habían llegado 29 barcos desde Grecia. La escasez de agua en Grecia retrasó los cargamentos. El Gobierno chipriota se ha visto forzado a aplicar medidas de emergencia que incluyen una reducción del suministro de agua del 30 %.

En Turquía, los niveles de agua descendieron constantemente el último verano, según datos de la compañía estatal de suministro de agua. Los embalses que suministran agua potable a Estambul estaban al 28 % de su capacidad. Los embalses que abastecen Ankara, ciudad que cuenta con cuatro millones de habitantes, estaban tan sólo al 1 % de su capacidad de agua potable.

Un informe de la Oficina del Agua de Creta dibujó un panorama desolador de los recursos de agua subterránea de la isla. Los acuíferos, o embalses subterráneos, han descendido 15 metros desde 2005 debido a la sobreexplotación. De hecho, ha comenzado a infiltrarse agua marina que contamina las reservas restantes.

Mitigación y adaptación

Los gases de efecto de invernadero están haciendo cambiar nuestro clima. Se piensa que el clima en el sur de Europa será más cálido y seco, mientras que en el norte y noroeste predominarán condiciones más suaves y lluviosas. En general, las temperaturas medias globales continuarán subiendo.

Los Estados miembros de la UE coinciden en que los aumentos globales de la temperatura deben limitarse a 2 °C por encima de los niveles preindustriales si se desea evitar alteraciones graves de nuestro clima.

Este es el principal objetivo de los esfuerzos de mitigación de la UE, centrados en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Para limitar los aumentos de temperatura a 2 °C, es necesario conseguir reducir las emisiones de gases a escala mundial un 50 % hacia 2050.

Sin embargo, aunque dejaran de generarse emisiones hoy mismo, el cambio climático continuará durante mucho tiempo debido a la acumulación histórica de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Se observan ya impactos muy claros, por ejemplo en el Ártico. Hemos de comenzar a adaptarnos. La adaptación significa evaluar y abordar la vulnerabilidad de los sistemas humanos y naturales.

La mitigación y adaptación al cambio climático están estrechamente relacionadas. Cuanto más eficaces sean los esfuerzos de mitigación a la hora de reducir las emisiones, menos importante será nuestra necesidad de adaptación.

Control de la crisis no significa adaptación

Las actuales sequías y la crisis del agua han de remediarse a corto plazo para asegurar que las personas dispongan de agua. Sin embargo, es necesario desarrollar también políticas de adaptación a largo plazo. Ansiosos por aumentar el suministro de agua, los Ayuntamientos y Gobiernos nacionales invierten en proyectos como depósitos para acumular reservas de agua, transvases y plantas desaladoras que potabilizan el agua marina.

Los países mediterráneos dependen cada vez más de la desalación para obtener agua dulce. España cuenta actualmente con 700 plantas desaladoras que proporcionan agua suficiente para 8 millones de personas cada día. Se calcula que los próximos 50 años se doblará el número de plantas desaladoras.

La escasez de agua no se limita al sur de Europa. En el Reino Unido se está construyendo la primera planta desaladora en el este de Londres. Con un coste de 200 millones de libras esterlinas, más de 250 millones de euros, la planta puede suministrar 140 millones de litros de agua por día, suficiente para abastecer a 400 000 hogares. Irónicamente, el organismo local de obras hidráulicas que construye la planta pierde cada día muchos millones de litros de agua potable depurada debido a las fugas de las tuberías y a las deficiencias de la infraestructura.

La desalación puede desempeñar una función legítima en la gestión de agua a largo plazo, pero el proceso de convertir agua salada en agua potable consume grandes cantidades de energía. Un avance positivo es que algunas de las plantas actuales funcionan con energía solar. Sin embargo, la desalación es todavía muy costosa. Por otra parte, la salmuera, un subproducto del proceso, es difícil de eliminar y puede ser perjudicial para el medio ambiente.

La gestión de nuestros recursos hídricos

«A menudo tenemos 40 °C en verano y la humedad puede ser muy alta», explica Barış de Estambul. «Las autoridades locales nos avisan ahora con mucho más tiempo y suelen decirnos cuánto tiempo va a estar cortada el agua para que podamos hacer planes. Por otra parte, no parece que hagan mucho por resolver el problema de la escasez; imagino que no pueden hacer que llueva más», dice.

Las autoridades regionales y nacionales de Turquía y de toda Europa podrían «gestionar» mejor los recursos hídricos. Esto exige tomar medidas para reducir y gestionar la demanda en lugar de intentar aumentar el suministro de agua.

La Directiva Marco sobre el Agua (DMA), el elemento legislador determinante en materia de recursos hídricos en Europa, obliga a los Estados miembros a fijar precios (aplicar tarifas) para servicios relacionados con el agua como un instrumento eficaz para fomentar el ahorro de agua. De hecho, la tarificación del agua es uno de los métodos más eficaces a la hora de influir en las pautas de consumo de agua. Sin embargo, una gestión efectiva de los recursos hídricos ha de incluir también esfuerzos encaminados a reducir las pérdidas de agua y a la información sobre la eficiencia hidráulica.

Una información más completa facilitará nuestra adaptación

Water exploitation indexEl Índice de Explotación de los Recursos Hídricos (IERH) es un buen ejemplo del tipo de información que se necesita para obtener una panorámica de la escala y situación de los problemas a los que nos enfrentamos.

En palabras llanas, el índice compara los recursos hídricos disponibles en un país o una región con el volumen de agua consumida. Un índice mayor que 20 % suele revelar escasez de agua. Como muestra el gráfico, se considera que nueve países sufren «estrés hídrico»: Bélgica, Bulgaria, Chipre, Alemania, Italia, la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Malta, España y el Reino Unido (Inglaterra y Gales).

Los datos de IERH disponibles para Inglaterra revelan un estrés especialmente alto en el suroeste y en Londres. Este nivel de información es clave en términos de una adaptación eficaz al cambio climático. Si conocemos la cantidad de agua disponible en una región, su origen y quiénes la consumen, podremos diseñar estrategias locales eficaces para adaptarnos al cambio climático.

 

Perspectivas

En un informe de la AEMA de pronta aparición se examinan los Alpes, calificados a menudo de «depósito de agua de Europa» porque el 40 % del agua dulce de Europa procede de esta cordillera. La región alpina ha experimentado un aumento de temperatura de 1,48 °C en los últimos cien años, el doble que la media mundial. Según este informe, se funden los glaciares, asciende el límite de las nieves perpetuas y se altera gradualmente la forma en que el sistema montañoso recoge y acumula agua en invierno y la distribuye nuevamente en los meses más cálidos del verano.

Los Alpes son cruciales para el abastecimiento de agua, no solamente en los ocho países alpinos, sino también en gran parte de la Europa continental, pues alimentan a muchos de los principales ríos. Por eso se han convertido en un símbolo representativo de la magnitud de la amenaza y del tipo de respuesta que hace falta dar. Las estrategias y políticas de adaptación deben incluir elementos locales, transfronterizos y de ámbito comunitario. Actividades aparentemente inconexas, como la agricultura y el turismo, la producción de energía y la sanidad pública, deben analizarse conjuntamente.

En última instancia, la adaptación significa reconsiderar dónde y cuándo vivimos ahora y cómo será en el futuro. ¿De dónde obtendremos el agua? ¿Cómo nos protegeremos de los episodios extremos?

Los estudios de la AEMA realizados sobre cobertura de los suelos muestran que las zonas costeras son las áreas donde la actividad de construcción es más intensa. El informe de la AEMA Evolución de las zonas costeras en Europa habla del «muro mediterráneo» y muestra que el 50 % del litoral mediterráneo está edificado. La escasez de agua y la sequía son ya un problema en muchas de estas regiones. Más apartamentos, más turistas y más campos de golf se traducen en una mayor demanda de agua. Las zonas costeras del norte y oeste de Europa, donde se espera un aumento de las inundaciones, también se están desarrollando rápidamente.

La integración de la adaptación en las principales políticas comunitarias ha sido limitada. Sin embargo, la Comisión Europea publicará un Libro blanco sobre adaptación en 2009. Un reciente informe de la AEMA señala que, hasta la fecha, tan sólo siete de los 32 países de la AEMA han adoptado realmente estrategias nacionales de adaptación al cambio climático. Sin embargo, todos los Estados miembros de la UE están trabajando en la preparación, el desarrollo y la aplicación de medidas nacionales basadas en la situación observada en cada país.

La reflexión colectiva necesaria para que la adaptación resulte eficaz todavía no se ha desarrollado del todo, pero el proceso ya está en marcha.


Bibliografía

IPCC, 2007. IPCC report, Climate ChangeImpacts, Adaptation and Vulnerability, April 2007.

EEA, 2006. The changing faces of Europe'scoastal areas. EEA Report No 6/2006.

EEA, 2008. Impacts of Europe's changingclimate — 2008 indicator-based assessment. EEA Report No 4/2008.

EEA, 2009. Adaptation to water shortages in the Alps (in preparation).

Footnotes

(1) El 27 de mayo de 2008, el Departamento de Medio Ambiente de Cataluña explicó que las recientes lluvias abundantes habían aliviado la sequía de la capital, Barcelona, y posiblemente permitirían al Gobierno levantar las restricciones del consumo de agua. Los embalses, que en marzo estaban al 20 % de su capacidad, están ahora al 44 % de su nivel máximo.  

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