Financiación de la lucha contra el cambio climático: recursos para una Europa resiliente al cambio climático y con bajas emisiones de carbono

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Article Publicado 31/01/2017 Última modificación 17/02/2017
Nuestro clima está cambiando. Debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar la velocidad del cambio climático y, al mismo tiempo, tomar medidas que nos ayuden a prepararnos a afrontar sus efectos actuales y futuros. Estas dos líneas de actuación requieren una reorientación sin precedentes de las inversiones. Así se reconoció en las conferencias sobre cambio climático celebradas en París y, recientemente, en Marrakech. El sector financiero puede y debe desempeñar un papel fundamental en el apoyo a la transición de Europa hacia una sociedad con bajas emisiones de carbono y resiliente al cambio climático.

Europa necesita destinar importantes inversiones a la mitigación del cambio climático y la adaptación a este.  El sector financiero puede y debe desempeñar un papel fundamental en el apoyo a la transición de Europa hacia una sociedad con bajas emisiones de carbono y resiliente al cambio climático.  Las inversiones del sector público no bastarán para financiar la transición, aunque pueden ayudar a movilizar e incentivar el capital privado, que es indispensable para reorientar las inversiones a la escala necesaria. 

Hans Bruyninckx, director ejecutivo de la AEMA

Europa necesita destinar importantes inversiones a la mitigación del cambio climático y la adaptación a este. Las estimaciones de las cantidades reales necesarias varían considerablemente y, en función del alcance, la escala o la metodología, pueden ascender a cientos de miles de millones de euros al año. Frente a la capacidad de financiación global del sistema financiero, estas necesidades de inversión son relativamente pequeñas. Sin embargo, a pesar de su gran capacidad, el sistema financiero solo satisface en la actualidad una parte de las inversiones necesarias.

Los principales retos para impulsar inversiones respetuosas con el clima, incluyen, entre otros, la superación de las barreras y las ataduras previas existentes en el sistema financiero que prolongan y promueven actividades insostenibles, y la reorientación de los fondos hacia iniciativas que potencien la resiliencia al cambio climático y reduzcan las emisiones de carbono. Para lograr unas medidas coherentes y eficaces sobre el terreno, hay que abordar las necesidades de inversión de manera sistemática en todos los ámbitos: europeo, nacional y local. Las empresas tienen que divulgar de manera coherente y completa los riesgos del cambio climático como paso previo para la adopción de decisiones fundamentadas en materia de inversiones. Además de mejorar la transparencia sobre los riesgos del cambio climático, la planificación y el compromiso a largo plazo también enviarán señales claras a los inversores.

Unas señales políticas claras facilitarán las inversiones a largo plazo

El Acuerdo de París de 2015 estableció el objetivo global de «situar los flujos financieros en un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero». Este objetivo se confirmó en la Conferencia sobre cambio climático celebrada en Marrakech en 2016.

El paquete de energía limpia, propuesto recientemente por la Comisión Europea, confirma el compromiso de la UE con una transición hacia una sociedad con bajas emisiones de carbono y resiliente al cambio climático. El paquete expone el objetivo de lograr una reducción mínima del 40 % en las emisiones de gases de efecto invernadero y propone objetivos mínimos del 30 % de eficiencia energética y del 27 % de energías renovables para el año 2030. También se destacan el importante papel de las inversiones en la transición a la energía limpia y los beneficios económicos aparejados. Según la Comisión Europea, mediante la movilización de hasta 177 000 millones EUR de inversión pública y privada por año a partir de 2021, el paquete propuesto podría generar hasta un 1 % de incremento del PIB durante el próximo decenio y crear 900 000 nuevos puestos de trabajo.

El marco político y los objetivos de la UE suelen ejecutarse por medio de estrategias y acciones concretas en los países, incluidas las estrategias nacionales de desarrollo de bajas emisiones de carbono. Una evaluación preliminar de tales estrategias realizada por la AEMA demuestra que estas difieren considerablemente en cuanto a su alcance y profundidad, así como a su nivel de exigencia. Incluyen información muy limitada sobre necesidades de financiación y planes para reorientar las inversiones. Por otra parte, es frecuente que los países carezcan de una visión nacional a largo plazo conforme a los objetivos de la UE en materia de descarbonización. Asimismo, muchos países han adoptado estrategias nacionales y planes de acción en materia de adaptación, aunque los detalles sobre su financiación no suelen estar disponibles. Para reforzar la confianza de los inversores, las estrategias de desarrollo de bajas emisiones de carbono y los planes nacionales de adaptación deben complementarse con estrategias nacionales de financiación contra el cambio climático.

Las inversiones del sector público no bastarán para financiar la transición, aunque pueden ayudar a movilizar e incentivar el capital privado, que es indispensable para reorientar las inversiones a la escala necesaria. Al menos el 20 % del presupuesto de la UE para el periodo 2014-2020 se destina a medidas relacionadas con el cambio climático. La reciente Decisión de la UE de prorrogar e incrementar la dotación del Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas y la reciente constitución del grupo de alto nivel sobre financiación sostenible también representan pasos importantes hacia la construcción de un sistema financiero que favorezca la sostenibilidad en Europa.

Un sistema financiero que ofrezca soluciones innovadoras

Las estrategias de financiación contra el cambio climático precisan de la participación de distintos agentes —públicos y privados— de todos los ámbitos, incluido el local. El sistema financiero también debe evolucionar para satisfacer diferentes tipos de necesidades de orígenes asimismo diversos.

Algunos municipios europeos han ideado ya formas innovadoras de financiar sus acciones combinando diferentes fuentes de financiación o desarrollando otras nuevas, como la microfinanciación colectiva de bonos climáticos. Sin embargo, según una evaluación de la AEMA que se publicará próximamente, otros muchos siguen padeciendo dificultades para encontrar financiación para sus acciones de adaptación al cambio climático. La falta de capacidad y de conocimientos a la hora de identificar fuentes y solicitar el tipo de financiación más adecuado constituye, entre otras cosas, una importante barrera. Además, en muchos casos, las medidas de adaptación al cambio climático no son consideradas aún como «inversiones rentables» por parte de los responsables de las decisiones financieras.

Una mayor sensibilización frente a los riesgos del cambio climático y a los beneficios adicionales asociados a las medidas de adaptación (por ejemplo, aumento de la calidad de vida y del atractivo del lugar beneficiario de tales medidas) podría dar lugar a una evaluación diferente de lo que constituye una buena inversión.

La AEMA y la financiación contra el cambio climático

Habida cuenta de la vital importancia de la financiación contra el cambio climático para propiciar la necesaria transición en Europa, la AEMA está trabajando en la evaluación de las conexiones entre las acciones actuales y futuras en materia de mitigación y adaptación, por un lado, y los sistemas financieros y fiscales, por el otro. Entender mejor estas conexiones resulta esencial para eliminar las barreras a la financiación contra el cambio climático y reorientar los fondos en apoyo de una transición hacia una sociedad con bajas emisiones de carbono y resiliente al cambio climático. Iremos compartiendo nuestras conclusiones a lo largo de 2017.

 

Hans Bruyninckx
director ejecutivo de la AEMA

Editorial publicado en el Boletín de la AEMA número 04/2016, diciembre de 2016

 

 

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