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El medio marino

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Presiones sobre la biodiversidad marina

La provincia de Canakkale se extiende a ambos lados del estrecho de los Dardanelos, que comunica el mar de Mármara con el mar Egeo y separa Europa de Asia. Fue aquí donde se alzó el mítico caballo de madera de Troya descrito por Homero en su Ilíada y donde murieron 130 000 soldados en la batalla de Gallipoli durante la Primera Guerra Mundial. Hoy en día, el puerto deportivo de Canakkale alberga gran cantidad de vistosos yates que hacen escala en esta zona de gran riqueza histórica y mitológica.

A tan sólo unos kilómetros, siguiendo la costa, nos encontramos en Behramkale con Saim Erol, uno de los pocos pescadores que permanecen activos en este pequeño pueblo pesquero fundado en el lugar del famoso Templo de Atenea, con impresionantes vistas al Golfo de Edremit. «Ayer eché más de 700 metros de redes. Sólo pesqué cuatro salmonetes. ¡No valen siquiera el gasóleo que gasté!, afirma Saim, que lleva más de 20 años pescando en estas aguas.

El hecho de que haya menos peces y más barcos tratando de capturarlos es una cuestión delicada. Mirando su barco de seis metros de eslora y después otro buque más grande en el mar, agrega: «Yo sabía todo lo que había que saber sobre estas costas, dónde y cuándo pescar. Pero las cosas han cambiado. Lo que yo sabía parece que ya no vale para nada. El mar ha cambiado».

Durante los últimos 20 años, a medida que la zona se ha ido convirtiendo en un gran centro turístico, la mayoría de los pescadores han abandonado y han acabado por ganarse la vida llevando turistas a playas remotas a las que sólo se puede llegar en barco. «Al menos con eso pueden ahorrar algún dinero para el invierno», afirma Hasan Ali Özden, profesor retirado y pescador aficionado. «Unas cinco millas al oeste, los pescadores de Sivrice son más afortunados. De cuando en cuando dan con la ruta de migración del pez espada. Y eso da un buen dinero. Pero ha pasado mucho tiempo desde el último año de abundancia».

El triple impacto del cambio climático, las especies alóctonas invasoras y la acidificación

Las pesquerías dependen en gran medida de la salud de los ecosistemas marinos, pero el cambio climático altera su funcionamiento.

El Profesor Nuran Ünsal, de la Universidad de Estambul, apunta a las alteraciones de las pautas de migración y su impacto sobre las poblaciones de peces. Las especies migratorias de alto valor económico, como el bonito del Atlántico, la anjova o la caballa, emigran al sur hasta el Mediterráneo en otoño y al norte hasta el mar Negro en primavera, donde se reproducen. Sin embargo, año tras año se reduce constantemente la cantidad de peces que emigran a través de los estrechos turcos.

«Los cambios de temperatura del agua y los vientos estacionales, cruciales para las corrientes necesarias, han alterado sus pautas de migración», afirma el Profesor Ünsal. «Estas especies necesitan un ambiente muy concreto, donde el agua tenga la temperatura adecuada y exista alimento adecuado, además de tiempo suficiente para la freza».

«Hace veinte años, emigraban al sur en septiembre. Ahora que el agua del mar Negro es más cálida, no necesitan emigrar al sur hasta mediados de octubre o principios de noviembre. Esto significa que se quedan menos tiempo en el Mediterráneo y, en consecuencia, son menos y más pequeños cuando vuelven al norte».

En aguas más cálidas, los peces se ven metidos en un embrollo. A medida que se adaptan, su metabolismo se acelera, crecen más rápidamente —aunque a menudo alcanzan un tamaño más pequeño en su edad adulta— y necesitan más alimento y más oxígeno para mantener ese metabolismo más alto. Al mismo tiempo, a medida que sube la temperatura del agua, disminuye la cantidad de oxígeno que contiene. Muchos peces sufren lo que podría denominarse un «apretón de oxígeno»: su necesidad aumenta y el suministro disminuye.

El cambio climático también altera la salinidad y la acidez del agua del mar y su estratificación. Los efectos podrían ser catastróficos: el colapso de los arrecifes de coral, la propagación de enfermedades y especies invasoras, la pérdida de grandes depredadores y, en última instancia, de toda la estructura de la cadena trófica marina.

Las especies invasoras

A finales de la década de 1980, las poblaciones de anchoa del mar Negro sufrieron un colapso debido a una serie de factores, como la sobrepesca, la eutrofización (especialmente desde el río Danubio), el ascenso térmico del agua a consecuencia del cambio climático y la invasión de la zona por parte de una nueva especie: la Mnemiopsis leidyi, una medusa originaria del noroeste del Atlántico.

La Mnemiopsis leidyi —que muy probablemente llegó al mar Negro en las aguas de lastre de los buques de mercancías— se alimenta de las larvas de los peces y de organismos que sirven de alimento a la anchoa. En la década de 1990, la Beroe ovata —otra especie de medusa originaria del noroeste del Atlántico y que se alimenta casi exclusivamente de la Mnemiopsis leidyi— se introdujo en el ecosistema del mar Negro de forma igualmente accidental. La llegada de este predador de la Mnemiopsis leidyi, junto con el descenso de las temperaturas entre 1991 y 1993 y la disminución de los flujos de nutrientes, así como la reducción de la pesca durante la época de colapso, alivió en parte la presión sobre las poblaciones de anchoas. Desde entonces, el ecosistema del mar Negro ha mostrado ciertos signos de recuperación.

En el mar Báltico se ha observado una tendencia ecosistémica similar.

La sobrepesca y el cambio climático han alterado la composición de la comunidad de peces del Báltico, donde el dominio del bacalao ha dejado paso al del arenque y el espadín.

Ya sean introducidas de forma deliberada o accidental, las especies alóctonas invasoras pueden causar estragos en las personas, los ecosistemas y las especies animales y vegetales autóctonas. Se teme que el problema de las especies invasoras se agrave a lo largo del siglo debido al cambio climático y al crecimiento del comercio y el turismo.

 

Carbono azul: la prueba del ácido

Los océanos de la Tierra son un inmenso sumidero de carbono (o depósito de dióxido de carbono) «azul». De hecho, son el mayor depósito de carbono del planeta, seguido a mucha distancia de su homólogo terrestre, incluidos los bosques. Estos sumideros naturales han funcionado con eficacia durante milenios, protegiendo al planeta de los bruscos cambios climáticos causados por los gases de efecto invernadero. Pero actualmente, el dióxido de carbono en la atmósfera aumenta mucho más rápidamente de lo que puede ser absorbido por la tierra y los océanos.

La mayor absorción de dióxido de carbono presente en la atmósfera ha aumentado la acidez media del océano. En 2100, es probable que los océanos sean más ácidos de lo que han sido jamás durante 20 millones de años. La acidificación hace que disminuya la cantidad del ión carbonato, que es necesario para la formación de aragonita y calcita: dos formas de carbonato cálcico que muchos organismos marinos utilizan para producir sus conchas y sus esqueletos.

En Europa, los investigadores han comenzado a observar cambios en las conchas y los esqueletos de los organismos microscópicos que constituyen el primer eslabón de la cadena trófica marina. La pérdida de calcificación puede tener un efecto negativo inmediato para su capacidad de supervivencia y para el gran número de especies que se alimentan de ellos.

Los corales se encuentran en peligro porque utilizan la calcificación para crear sus esqueletos, que forman lo que conocemos como arrecifes de coral. Estos arrecifes son además el hogar de hasta dos millones de especies marinas y el origen de una cuarta parte de las capturas totales de pescado de los países en desarrollo de todo el mundo. Las consecuencias de la acidificación van mucho más allá de los efectos directos sobre la calcificación de los organismos marinos. El aumento de acidez del agua puede tener graves efectos para especies no calcificantes como el calamar (11). Aunque todavía no se han determinado todas las consecuencias de la acidificación oceánica, se calcula que cada año se pierde hasta un 7 % de estos «sumideros de carbono azul»: siete veces la pérdida de hace 50 años.

Al igual que los bosques en tierra firme, los ecosistemas marinos desempeñan un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. La pérdida de unos u otros sería catastrófica, pero todavía no entendemos del todo lo rápidamente que puede cambiar la vida que bulle bajo la superficie de los océanos.

Tras los escasos peces que quedan en nuestros mares

La sobrepesca es la principal culpable de la falta de peces en nuestros mares. En Europa, la situación es desoladora: la sobrepesca afecta a casi nueve de cada diez poblaciones comerciales del nordeste del Atlántico, del Báltico y del Mediterráneo. Una tercera parte de ellas están sujetas a una sobrepesca tan intensa que la población corre el riesgo de perder su capacidad reproductiva.

Sólo en la última década, los desembarques totales en la Unión Europea se han reducido una tercera parte (12) y la acuicultura europea no ha podido compensar la pérdida. El consumo global de pescado por persona es actualmente más del doble que en 1973. Los europeos consumen, por término medio, 21 kg anuales de productos pesqueros: un poco por encima de la media global de 17 kg, pero por debajo de los niveles de consumo de Estados Unidos, China y Canadá, que se sitúan en torno a los 25 kg. Dentro de la Unión Europea existen notables variaciones, desde los 4 kg por persona de Rumanía hasta los 57 kg de Portugal.

Para satisfacer su demanda, Europa importa casi dos terceras partes del pescado que consume(13). Por lo tanto, los europeos dejan huella en las poblaciones de peces y en la producción de la acuicultura de todo el mundo. Hoy en día, los consumidores, las empresas de transformación y los comercios minoristas están cada vez más preocupados por la sobrepesca y con frecuencia exigen garantías de que el pescado que consumen y venden proviene de pesquerías bien gestionadas y sostenibles. Pero resulta difícil ofrecer tales garantías en relación con la mayoría de las poblaciones de peces que habitan las aguas europeas.

En Europa, en el actual proceso de reevaluación de la política pesquera común(14), las pesquerías son objeto de análisis desde una nueva y más amplia perspectiva marítima y ambiental(15). Se hará mucho más hincapié en la sostenibilidad ecológica de las pesquerías extra-europeas y en la necesidad de gestionar y explotar los recursos naturales de forma responsable, sin poner en peligro su futuro. Será importante ver cómo encajará este nuevo enfoque para asegurar las pesquerías europeas en el actual régimen internacional y la propuesta de un proceso periódico de evaluación del medio marino global.

Hacia una evaluación global del medio marino

El Plan de Aplicación de las Decisiones de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (Johannesburgo, 2002) incluía objetivos específicos en relación con la gestión de las pesquerías, incluida la recuperación de las poblaciones de peces hasta un rendimiento máximo sostenible en 2015. También se señalaba la necesidad de establecer un «proceso ordinario» en el marco de las Naciones Unidas para la presentación de informes y la evaluación del estado del medio marino a escala mundial, incluidos los aspectos socioeconómicos actuales y previsibles, y basado en las evaluaciones regionales existentes.

Con este importante paso, se reconocía la necesidad de impulsar iniciativas internacionales concertadas para proteger y gestionar el acervo global de manera sostenible. Fue el principio de un proceso orientado a medidas concretas para lograr el compromiso de las naciones con iniciativas específicas y sostenidas a lo largo del tiempo.

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la propuesta en 2005(16) y en 2009 reconoció el trabajo realizado por el Grupo de Expertos sobre el fundamento científico de la evaluación global. Sin embargo, al igual que ocurre con todos los procesos internacionales, la aplicación del proceso ordinario de presentación de informes y la evaluación a escala mundial tardará algunos años(17).

11.     "Our Endangered Oceans", Dr. Richard Moss, WWF

12.       Eurostat, European Commission, Commission working document ‘Reflections on further reform of the Common Fisheries Policy’

13.       European Commission Statistics: http://ec.europa.eu/trade/creating-opportunities/economic-sectors/fisheries/statistics/#stats

14.       The EU treaties establish fisheries management as one of the exclusive competences of the Community. This is because fish move across national jurisdictions and fishermen have followed them long before Exclusive Economic Zones were introduced and the Common Fisheries Policy born. In 2009, the CEC published a green paper outlining the changes needed to address some of the most critical problems facing European fisheries. Reform of the Common Fisheries Policy, Brussels, 22.4.2009. COM(2009)163 final

15.       Directive 2008/56/EC of the European Parliament and of the Council of 17 June 2008 establishing the framework for Community action in the field of marine environmental policy (Marine Strategy Framework Directive) (OJ L 164, 25.6.2008)

16.       Resolution 60/30 of the General Assembly on Oceans and the Law of the Sea

17.       Resolution 61 of the General Assembly on Oceans and the Law of the Sea

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